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“No fue la falda, no fue el lugar, nada justifica la agresión sexual”, fue la consigna que cientos de estudiantes de la Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC) corearon a las afueras de la Fiscalía de Tungurahua la mañana de ayer.

La causa del levantamiento se debió al pedido de justicia por el asesinato de Elvis Darío Suquillo Romero y a las violaciones cometidas en contra de dos de sus compañeras, actos que se dieron la madrugada del 6 de enero en Píllaro.

Las víctimas del hecho habrían llegado al cantón atraídos por la Diableada Pillareña y una vez que el desfile concluyó se ubicaron en una calle para libar en el interior del vehículo en el que se movilizaban.

Esto sin imaginar que tres sujetos los iban a amedrentar con armas de fuego y con dos disparos terminaron con la vida del joven de 24 años.

Mientras que las dos muchachas fueron salvajemente violadas varias veces y posterior abandonadas en el sector de Urbina. Dos de los involucrados en el delito ya fueron detenidos y están siendo procesados.

Justicia

Mario Aguilar, presidente de la Facultad de Medicina Veterinaria de la UTC, explicó que con los representantes de varias carreras decidieron movilizarse desde Latacunga con el único propósito de que el caso de sus “hermanos utecinos” no quede en la impunidad.

Los estudiantes se reunieron en el campus al cual los afectados pertenecían, y a bordo de los buses que les facilitaron las autoridades de la Universidad como también en vehículos particulares, llegaron a Ambato consternados e indignados por lo acontecido.

“Ellos no buscaron la muerte como algunos dicen, no provocaron que las violen, cualquier persona tiene derecho a estar donde sea sin el temor de ser agredido. Autoridades solo queremos que actúen”, pidió Nicol Salazar.

Dolor

A esta movilización se sumó Jenny Romero, madre del joven fallecido, quien al borde del llanto sostenía una pancarta con la imagen de su hijo.

EL DATO
​Las dos jóvenes violentadas sexualmente son de Quito e Ibarra.  
“Siento que mi hijo no ha muerto, aún creo que va a llegar pronto. Elvis trabajaba y me ayudaba con las medicinas de mi segundo hijo que padece de discapacidad, solo quiero que los responsables paguen”, expresó.
A este sentimiento se sumó Manuel Fiallos, quien era docente de las dos chicas ultrajadas. “Una de ellas era la presidenta de quinto semestre, se frustraron sueños porque hay la posibilidad de que ya no regresen a clases y el sueño de ser veterinarias se queda en medio camino”, dijo Fiallos.

Los docentes que acompañaron a los jóvenes solicitaron dialogar con el Fiscal Provincial para conocer los avances del caso, sin embargo, esto no se dio debido a que se les informó que no se encontraba en la ciudad. (Diario La Hora)

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