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Una estudiante de 11 años muere por golpes de sus compañeros de colegio. Las autoridades investigan para determinar responsabilidades y sanciones

El padre de Britany, de 11 años, no pudo cumplir el pedido que su hija le hiciera la tarde del viernes pasado. “Cámbiame de escuela, por favor”, le había dicho la menor entre llantos, luego de sufrir agresiones en el aula de octavo año B, de la jornada matutina de un colegio fiscal, ubicado en la ciudadela Huancavilca, en el sur de la ciudad.

La niña murió la noche del domingo pasado a causa de un aneurisma cerebral, según consta en la denuncia asentada por Tyrone Morán, padre de la víctima, en la Fiscalía.

El sábado en la noche comenzó a tener fuertes dolores de cabeza, fue llevada a dos centros de salud y en el último comenzó a convulsionar y murió el domingo, Día de la Madre.

Él presume que el acto de violencia que su hija sufrió en el aula de clases, pudo influir en su muerte. “Cinco compañeros la sentaron en la banca, le amarraron sus manos y piernas, le taparon la boca con una toalla y luego la golpearon en la cabeza y la cara durante más de una hora”, relata el hombre, según le había contado la niña a su madre.

Este caso de violencia escolar deja dudas en los efectos que están surtiendo las campañas que las autoridades educativas llevan a cabo con la ayuda de organismos internacionales, precisamente para evitar esta problemática social dentro de los planteles escolares.

La preocupación la encienden algunos padres de familia, ya que no es el único caso de violencia que allí se ha suscitado. El 29 de noviembre de 2017, un niño de 12 años que asistía a la misma unidad educativa se suicidó, luego de ser víctima de bullying en el aula de clases, según lo detalló en la carta que escribió antes de quitarse la vida en su habitación.

En el colegio nadie da información sobre lo sucedido. Algunos padres apostados en los exteriores de la entidad educativa querían saber más detalles del suceso, pero huyen cuando ven que algún medio de comunicación quiere abordarlos. “No podemos decir nada, ni nosotros lo sabemos. Además, los directivos nos lo tienen prohibido”, dice alguien en voz baja y escondida tras un poste.

Agentes del Grupo de Operaciones Motorizadas custodian el sitio para evitar posibles actos de vandalismo, ya que vecinos del sector indicaron que el viernes pasado algunos estudiantes estaban lanzando botellas de vidrio a la calle.

Ayer, el cuerpo de Britany era velado en su vivienda ubicada en una cooperativa del sector de Las Malvinas. Estaban sus padres, sus cinco hermanos y algunos familiares.

“El lunes asistieron varias amiguitas del colegio y me contaron quiénes fueron los que atacaron a mi hija”, dice Tyrone, mientras por sus mejillas ruedan lágrimas de dolor e impotencia, al saber que nunca más podrá ver a su niña jugar fútbol con sus hermanos, ni bailar salsa o reguetón por toda la casa, mientras escuchaba música y se tomaba fotos con su teléfono celular.

La Fiscalía y el ministerio indagan el hecho

Érika Láinez, subsecretaria de Educación de la Zona 8, anunció ayer que ha dispuesto una auditoría interna en el establecimiento educativo donde se produjo la agresión de una estudiante de 11 años. Lo hizo para analizar una posible intervención integral del plantel y determinar qué tipo de sanciones (administrativas o legales) caben en contra del personal de la institución.

Láinez confirmó que son cinco los estudiantes involucrados (cuatro mujeres y un varón) y que, como primer paso, se ha contactado a sus padres.

Mientras, el fiscal Wilson Álvarez, quien inicialmente conoció el caso, explicó que en primer lugar deberá establecerse las edades de los involucrados. “En caso de determinarse que son adolescentes, habría una sanción de hasta cuatro años de aislamiento, si es que se comprueba que hubo delito culposo, de acuerdo con el Código de la Niñez y la Adolescencia”.

Álvarez señala que en la Unidad de Flagrancia, en Guayaquil, se presentan cerca de 20 denuncias al mes por agresiones en contra de estudiantes. Algunas de sus propios compañeros y otras de quienes quieren obligarlos a vender drogas.

Esperaba su cumpleaños

Britany cumpliría 12 años el 21 de junio. “Ella quería una parrillada y piscina para celebrar. Ya teníamos todo planeado, hasta unas pechugas de pavo habíamos separado. Pero esto ya no se cumplirá como tampoco su sueño de viajar a España para estudiar Derecho”, cuenta su padre.

El barrio está consternado

En el barrio de la fallecida, los vecinos también están de luto, pues Britany era muy querida por ser una niña alegre y respetuosa. “Le justaba jugar pelota y bailar. Nunca se peleaba con nadie y siempre tenía una sonrisa para brindar”, indica Mónica Angulo, quien la conoció desde su nacimiento.

No es bullying, sino violencia

La subsecretaria de Educación de la Zona 8 no habla de bullying, sino de un caso de ‘violencia entre pares’, porque estuvieron involucrados alumnos del mismo nivel educativo, era la primera vez que agredían a la víctima y porque todo habría iniciado como un juego que al final se excedió. (Diario Expreso)

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