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Nigeria –

Desde hace varios meses, las incursiones en pueblos y los atentados suicidas o ataques del grupo yihadista Boko Haram contra el ejército nigeriano se multiplicaron en el norte de Nigeria, región asolada por ocho años de conflicto.

Hace justo un año, el ejército nigeriano aseguraba con orgullo haber liberado de combatientes el bosque de Sambisa, bastión de la facción dirigida por Abubakar Shekau. Pero el acceso todavía no es posible, y los pueblos aledaños son asiduamente atacados y saqueados.

“El aumento de los ataques es una respuesta desesperada frente a la represión militar”, asegura a la AFP un comandante en Maiduguri, la capital del estado de Borno. “Hemos cortado toda su cadena de suministro de comida, armas y municiones”.

“Su respuesta es saquear y cometer ataques ya que necesitan la comida. El hambre es un asesino silencioso”, continúa el comandante que prefiere guardar el anonimato.

“Esto no deja lugar a dudas, los combatientes de Boko Haram están muriendo de hambre y buscan comida”, explica por su parte, Mamman Sani, un pescador de Baga, en las orillas del lago Chad.

“Saquean los cuarteles militares para recuperar armas, saquean los pueblos para recuperar comida”, explica Sani.

El 13 de diciembre, la facción dirigida por Abu Mosab Al Barnaui, reconocida por la organización yihadista Estado Islámico (EI), intentó invadir la base militar de Mainok, en la periferia de Maiduguri. No lograron entrar, pero robaron cuatro vehículos militares blindados.

El mes pasado, consiguieron invadir la base de Magumeri, a 50 kilómetros al norte de Maiduguri, antes de que el ejército enviara refuerzos.

Hace unas semanas, dos kamikazes se hicieron explotar en Biu (180 km de Maiduguri), dejando al menos 13 muertos y más de 50 heridos.

Y la lista no acaba. El 21 de noviembre, otro atentado suicida en la mezquita de Mubi (estado de Adamawa) mató a al menos 50 personas.

“Los ‘terroristas’ atacan las bases militares, en especial aquellas con pocas tropas para robar material, pero también para sembrar pánico y aumentar su capacidad de acción”, explica a la AFP un miliciano, que apoya al ejército nigeriano en la lucha contra los insurgentes.

Divisiones

El 10 de diciembre, Abubakar Shekau llevó a casi 400 de sus hombres a un puesto del ejército en el pueblo de Bita, en la frontera con Camerún.

Según el líder de la milicia local, los yihadistas obligaron a los soldados a abandonar su puesto, y se llevaron armas para luego retirarse al bosque de Sambisa.

El conflicto, que estalló en 2009 bajo el mando de Shekau, dejó más de 20.000 muertos y más de 2 millones de desplazados. El noreste de Nigeria hace frente a una grave crisis humanitaria y alimentaria.

Aunque los civiles son las principales víctimas del grupo yihadista o de los militares, el ejército, que está desplegado en todo el territorio nigeriano y enfrenta numerosos problemas de seguridad en el país, pagó igualmente un alto precio.

El presidente Muhammadu Buhari informó por otra parte que pretendía repatriar a sus tropas, actualmente desplegadas en Guinea Bisau en una misión de mantenimiento de la paz, para apoyar los esfuerzos militares en el país.

El grupo yihadista sigue estando muy dividido desde que el EI designara a Al Barnaui, hijo del fundador de Boko Haram, Mohamed Yusuf, como líder de Estado Islámico en África Occidental en 2016.

Sin embargo, las dos facciones rivales (Shekau y Barnaui) se reunieron el pasado 4 de diciembre en Duguri, a orillas del lago Chad para decidir dirigir un frente común contra el ejército, según fuentes cercanas a las negociaciones.

Pero unos días más tarde rompieron el acuerdo, después de que la facción de Shekau matara a 18 miembros del grupo de Al Barnaui. (Diario El Universo)

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