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En un estudio criminológico de 2013, Jonathan C. fue descrito como una persona que se ponía nerviosa al hablar de la desaparición de Juliana Campoverde. Esa tensión se reflejó en sus manos sudorosas y en los tics en la boca cuando hablaba del caso que no ha sido resuelto en seis años. El 10 de noviembre pasado, él se acogió a la cooperación eficaz. Con ello la familia espera encontrar la verdad. En las últimas semanas, al pastor se le hizo un test psicológico y peritajes de luminol en su parqueadero.

“No me llamó mucho la atención cuando desapareció”, dijo el pastor Jonathan C. cuando fue entrevistado en el 2013 por un perito.  La cita textual se encuentra en un estudio criminológico del caso de Juliana Campoverde, de quien no hay rastro desde julio de 2012. Ella fue vista por última vez por su madre en el sector de la Biloxi. Ambas se despidieron en una gasolinera desde donde la joven tomó dirección hacia su trabajo y no se supo más.

La familia señaló siempre al pastor evangélico Jonathan C. como sospechoso de la desaparición de Juliana, pero solo hasta el 5 de septiembre de 2018 fue detenido. Nuevos indicios llevaron a la fiscal Mayra Soria, la número 11 del caso, a formularle cargos por presunto secuestro extorsivo. La familia y organizaciones de derechos humanos han cuestionado la lentitud de las investigaciones. Recién el 10 de diciembre pasado, el pastor colaboró con la justicia y rompió el silencio tras acogerse a la cooperación eficaz. Ese día se hizo una nueva reconstrucción de los hechos y mencionó una quebrada en el barrio Bellavista donde habría dejado el cuerpo de la joven.

Ahora el expediente del caso es público porque se encuentra en instrucción fiscal. Entre los informes que reposan en la investigación que tiene 90 cuerpos (es decir 90 carpetas con 1.000 hojas cada una) está el estudio criminológico. Allí un perito psicólogo de Medicina Legal hizo un análisis del entorno de Juliana, tras entrevistar a la familia de ella, sus novios, al religioso y a sus parientes. El relato del perito perfila al pastor después de varias entrevistas.

“Refiere el entrevistado no tener antecedentes patológicos de importancia tanto en su familia nuclear como de origen; se describe como una persona tranquila y obediente de los dogmas cristianos que predica” es el inicio de su reporte.


El 5 de septiembre pasado fue detenido el pastor. Está acusado de secuestro. 

“Se muestra nervioso y expresa incomodidad, trata de aparentar espontaneidad y soltura, pero se observa claramente la tensión emocional”.

Enseguida el experto hace una narración de la reacción del sospechoso cuando se le preguntó en el 2013 sobre la desaparición de Juliana. “Se muestra nervioso y expresa incomodidad, trata de aparentar espontaneidad y soltura, pero se observa claramente la tensión emocional manifestada (hiperhidrosis palmar y facial, temblor de las manos y mandíbula, tics en la boca, evitación del contacto visual, aceleración de la respiración), en cuanto al lenguaje verbal percibimos que el discurso es acelerado y el tono de voz es tembloroso y más agudo”.

El informe es un resumen de cómo Jonathan C. conoció a la joven y de cómo él la describe. “Relata haber conocido a Juliana hace aproximadamente 9 años, en calidad de pastor de jóvenes que dirige el grupo de alabanza de la iglesia Oasis de la Esperanza, lugar donde Juliana asistía continuamente desde los 9 años de edad. Describe a la desaparecida como una joven tranquila y constante en la iglesia. En determinados momentos de la entrevista se contrasta las primeras descripciones con una desacreditación tanto a Juliana como a su familia, arguyendo que son una familia disfuncional donde la violencia intrafamiliar es recurrente y la sobrecarga de responsabilidades que la madre da a Juliana le causaba serios conflictos emocionales”.


La fiscal Mayra Soria (primera a la derecha) en una rueda de prensa junto a los padres de Juliana. Ella es la fiscal númer 11 del caso. Foto: Fiscalía

Al perito le llama la atención que a pesar de haber mencionado una larga y cercana relación como pastor de Juliana, el religioso demostró en las entrevistas “poca preocupación ante el hecho de la desaparición”. Al final de la primera entrevista, escribió el perito, el pastor contó que creó el perfil ficticio  de Juan Solano en Facebook “con el objetivo de guiar y aconsejar a la hoy desaparecida, ya que “no conversaba como antes” con él en su rol de pastor. Recalca que los padres de Juliana le habían pedido que le aconseje”. En esas conversaciones, envió una cita bíblica que la familia interpretó como una amenaza (En el reportaje “La pista olvida del caso Juliana Campoverde” se habla de esos chats).

“Escondido tras el alias “Juan Solano” se comunica desde diciembre de 2011 y asegura que ignoraba que podía involucrarse en un problema, sin embargo en la primera versión voluntaria que realiza el 4 de agosto de 2011, tras la desaparición de Juliana Campoverde, niega saber quién es Juan Solano, pero seis días después de la ampliación voluntaria de su versión explica el porqué creó el perfil”, apunta el perito en su informe.

En las entrevistas, el procesado dijo que no engañó a Juliana y que “ella fue quien aceptó esa amistad  y que al parecer estaba ansiosa por tener contactos con hombres mayores”. Una de los afirmaciones que hizo el pastor fue: “la chica como que quería estar con alguien”. Negó además “haber incurrido en actos contrarios a la ética, atentatorios a la moral”.

“Describe a la desaparecida como una joven tranquila y constante en la iglesia. En determinados momentos de la entrevista se contrasta las primeras descripciones con una desacreditación tanto a Juliana como a su familia”.

“Dice que las cosas que constan en la capturas de pantalla de Facebook de las comunicaciones de Juan Solano y Juliana son sacadas contexto, pero no se explica cuál es el contexto en el cual ellos hablaban y él le aconsejaba”, escribió el perito. “La función era ayudar y orientar sin trata de hacer daño”, le dijo el pastor, quien agregó que la familia le había pedido asesoramiento porque “la chica ya no era igual”. Estos pedidos supuestamente fueron entre diciembre de 2011 y febrero de 2012. Dijo que él sabía que la chica no estaba bien, pero que no sabía cómo asesorarla.

En una de sus versiones a la Fiscalía, el pastor relató que Juliana supuestamente lo visitó en su oficina después de que ella había sido reportada como desaparecida. En las entrevistas con el perito insistió en que no informó a la familia de ese presunto encuentro porque ella le había pedido que guarde esa visita como un “secreto de confesión”. Aunque Jonathan C. para entonces ya no era pastor de la joven, él dijo en las entrevistas que “seguía siendo un pastor y estaba obligado a callar”.

Las investigaciones están en la recta final

La instrucción fiscal se cerrará el próximo 5 de diciembre. Desde la reconstrucción de los hechos del pasado 10 de diciembre se han hecho diversas diligencias en este caso. Ese día el recorrido inició en la gasolinera donde fue vista por última vez Juliana. Luego se dirigió a la iglesia del pastor, de ahí al sector de El Recreo, a un motel, a las Naciones Unidas y Santa Clara. Lo confirmó la abogada de la familia, Beatriz Rodríguez.

En el estudio criminológico de 2013 ya aparece El Recreo en el trayecto de Juliana. El informe dice que la última localización que se registra desde el celular de Juliana es aproximadamente en ese sector, “lugar al que sería imposible llegar caminando en 15 minutos desde la esquina de la avenida Ajaví y Mariscal Sucre”. El padre de Juliana, Absalón Campoverde ha dicho que en la reconstrucción de los hechos se vio cómo el pastor interceptó a la joven en su auto a media cuadra de la Ajaví.

La declaración del pastor está bajo reserva, pues para colaborar con la justicia se acogió a la cooperación eficaz. Bajo esa figura, el sospechoso suministra información que contribuye al esclarecimiento de los hechos y si son comprobados puede darle beneficios como la rebaja de la pena. La abogada contó a Plan V que antes de la cooperación, la fiscal del caso, Mayra Soria había pedido realizar barridos en distintos lugares. Pero fue la defensa de Jonathan C., la que pidió a la fiscal una cooperación eficaz.

En la quebrada de Bellavista se removió tierra con retroexcavadoras. La búsqueda se extendió hasta el jueves pasado. Foto: Fiscaía

Es por eso que una de las primeras verificaciones hechas a la declaración de Jonathan C. fue la búsqueda que se hiciera de sus restos en la quebrada de Bellavista. “De lo que se tiene entendido es que él aceptó que en ese lugar botó el cuerpo de Juliana”, dijo la jurista. Pero aclara que bajo esa figura él no se autoincrimina porque eso está prohibido por ley. “Lo que hace es aceptar los hechos. Él está aceptando que en sus manos murió Juliana. ¿Cómo murió? Eso está en la cooperación eficaz”.

“Él está aceptando que en sus manos murió Juliana y si no está el cuerpo (en la quebrada) no quiere decir que no haya hecho nada”, dijo la abogada de la familia Campoverde.

“Él está aceptando que en sus manos murió Juliana y si no está el cuerpo (en la quebrada) no quiere decir que no haya hecho nada. Ya lo dijo. Hay una aceptación de los hechos”, manifestó Rodríguez, quien dijo que como defensora de la familia no está de acuerdo con esa figura. Pero cree que quizá esa fue la única posibilidad que quedaba para conocer la verdad después de seis años de investigaciones y eso es lo que desean los padres de Juliana.

Hasta el momento en ese lugar se ha hallado un hueso de costilla, una mandíbula y un molar dental. Está previsto que esa semana se conozca los resultados de las muestras de ADN que fueron tomadas el pasado 12 de noviembre. La abogada Rodríguez explicó por qué se han demorado tanto estos exámenes. “Por el tiempo y las condiciones climáticas de ese lugar, que es un botadero, la genética de los huesos y osamentas ya es muy difícil encontrarla. Pero son huesos presumiblemente de una mujer”.

El padre de Juliana ha puesto en duda que se trate de los restos de su hija. Dijo que el diente molar estaba careado y que Juliana no tenía ninguna pieza dental así. También le llama la atención que esos huesos hayan sido encontrados en una parte muy superficial de la quebrada. “Han pasado 6 años y en mi imaginación yo supongo que el cuerpo de mi hija está mucho más adentro, ¿cómo es posible que se encuentre un hueso tan pequeño y nada más? ¿Dónde están los huesitos de sus piernas, su cráneo? En todo caso es mi hipótesis muy personal. Como familiares nos entra la duda. Pero también nos toca creer”, dijo en una entrevista con radio Sucesos.

Las remociones de escombros y las búsquedas se realizaron hasta el jueves pasado. El miércoles se colocó un listón en uno de los árboles de la quebrada, porque más allá de los resultados del examen de ADN allí estuvieron los restos de una persona, mencionó la jurista. En las últimas semanas se ha hecho un test de personalidad al procesado y una pericia de luminol en su parqueadero. Todo eso se está analizando a contrarreloj. Esta semana está prevista la ampliación de versiones a los familiares de Jonathan C.

Si existiese nueva evidencia o la vinculación de otra persona que estuvo en el delito, la Fiscalía puede pedir la reformulación de cargos o la vinculación del nuevo sospechoso. En ese caso, la etapa de instrucción se ampliaría 30 días más. (Plan V)

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