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La renuncia de la vicepresidenta María Alejandra Vicuña no sorprendió a nadie en la Asamblea Nacional. “Está caída”, decía por la mañana todo legislador al que se le preguntaba al respecto. Pero mientras el Pleno debatía sobre cuestiones completamente ajenas a esta coyuntura política (la nueva Ley de la Defensoría del Pueblo, cuyo borrador está listo para ser aprobado) el juego de ajedrez continuaba, aun con la reina muerta y en ausencia de la presidenta, Elizabeth Cabezas, quien se encuentra en Washington cumpliendo una agenda que, acá, trae a todos sin cuidado.

Hasta acá llegaron los últimos estertores de la vicepresidenta, es decir, su pedido de licencia sin sueldo presentado la víspera. No todos los asambleístas estaban de acuerdo en que le correspondiera al Pleno tramitar tal cosa, pero la secretaría jurídica de la Presidencia de la República se lo delegó y pasó de inmediato al orden del día de la sesión de mañana. Ya se preparaban los bloques (CREO, socialcristianos, correístas…) para ponerle las cosas difíciles a Vicuña: la idea era no concederle licencia alguna, sino insistir en la exigencia de renuncia. En eso llegó la noticia que lo solucionó todo: la vicepresidenta había renunciado.

Ahora el Pleno, como entidad nominadora, deberá conocer esa renuncia y aceptarla. Se prevé que esto ocurrirá, con bastante seguridad, en la sesión que tendrá lugar mañana, a las 10:50, en la sede legislativa de la calle Piedrahíta, rebautizada desde ayer por un grupo de militantes de la Unidad Popular que llegaron hasta ahí armados de escaleras y las herramientas necesarias para instalar los nuevos rótulos: ‘Calle De Los Diezmos’.

Lo que por el momento ha quedado en suspenso es el juicio político a la vicepresidenta. Aunque el bloque de CREO cuenta ya con 58 firmas de respaldo para impulsarlo, la presidenta encargada, Viviana Bonilla, descartó esa posibilidad: “En este momento -dijo- ya no cabría”.

El siguiente paso es ya conocido: esperar la terna del Ejecutivo. Ayer, la coordinadora del bloque oficialista, Ximena Peña, admitió que el nombre de la nueva ministra de Gobierno, María Paula Romo, “es una posibilidad”. También se menciona a la presidenta de la Asamblea, Elizabeth Cabezas, idea que incomoda al socialcristiano Henry Cucalón: “No sería lógico -dijo él- que el nominado saliera de esta Asamblea que atraviesa por una vorágine de inestabilidad y desconfianza”. Los correístas creen que la cosa no va por ahí. Según Cristóbal Lloret, coordinador de ese bloque, los candidatos saldrán de la derecha. Y mencionó a dos ministros que cuentan con aceptación en el empresariado: Richard Martínez y Pablo Campana.

Mientras tanto, la propuesta lanzada por María Paula Romo para mantener reuniones políticas entre su ministerio y los jefes de bloque de la Asamblea causó distintas reacciones. Fabricio Villamar (CREO) está de acuerdo, “siempre y cuando se trate de diálogos transparentes que finalicen con anuncios públicos”. Cucalón condicionó la participación de los suyos a la agenda del diálogo: “¿Conversaciones? Hay que ver sobre qué tema, porque fotos ya tengo bastantes”. Más radicales, los correístas, explicó Cristóbal Lloret, solo se sumarían si el Gobierno estuviera dispuesto a retomar “el plan de gobierno que ganó las elecciones”.

Corrupción

Al toro, por los cuernos

Ayer, Fernando Callejas anunció que, en la próxima sesión, pedirá el respaldo del Pleno para exigir al presidente Lenín Moreno que cumpla una de sus ofertas de campaña: involucrar a las Naciones Unidas en las investigaciones, como en Guatemala con la Comisión Internacional contra la Impunidad. (Roberto Aguilar – Diario Expreso)

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