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Si bien el juicio a Carlos Ochoa ha vuelto los ojos a la facultad de la Asamblea para el control político, aún falta mucho.

Una de las principales críticas al poder Legislativo, durante la época correísta, ha sido la pérdida de la capacidad fiscalizadora y de control político. Esa es una facultad legislativa que todavía no se logra recuperar, pese al cambio de época y de momento político que en teoría el Gobierno del presidente, Lenín Moreno, ha implicado.

Dos juicios políticos quedaron frustrados en la Asamblea Nacional contra el exvicepresidente Jorge Glas, pese a la cantidad de pruebas en su contra.

Otros casos
El excontralor Carlos Pólit fue censurado después de su renuncia y su huida, pero durante los 10 años que ejerció el cargo, donde se vio implicado en presuntos delitos como asociación ilícita, concusión o lavado de activos, no fue sujeto de control político. En la actualidad, la Asamblea Nacional desarrolla en su Comisión de Fiscalización el juicio político a Carlos Ochoa, superintendente de Información y Comunicación, planteado por los asambleístas Lourdes Cuesta y Fabricio Villamar.

‘Cómplices del atraco’
El expresidente del Congreso Nacional, Wilfrido Lucero, cree que la “facultad fiscalizadora que se perdió en la Asamblea durante 10 años no ha sido todavía recuperada, han tenido magníficas oportunidades de hacerlo, pero más ha primado la solidaridad con la corrupción”. Espera que en el caso de Ochoa no se pierda esa “magnífica oportunidad” de realizar el control político, “aunque sea con años de retraso”.

Lucero piensa que el reinicio de la facultad fiscalizadora es consustancial al funcionamiento de la democracia y cree que si hubiera existido en la última década, se hubiera evitado o disminuido el “saqueo”. “Si los legisladores no hubieran sido cómplices de todo el atraco que ahora conoce absorto el país, dando cumplimiento a las funciones que tenían a su cargo, se hubiera evitado el robo de una cantidad enorme”, piensa.

Todo sigue igual
Por su parte, la exasambleísta María Paula Romo, que planteó y fracasó en dos intentos de juicio político en su legislatura, tampoco piensa que se recuperó esa capacidad. Para ella, el hecho de que se siente a Ochoa en el banquillo de los acusados no es para cantar victoria, porque se sigue el patrón que implementó el correísmo en el juicio político y destitución de la exsuperintendenta de Bancos Gloria Sabando. “Lo que vimos en los periodos anteriores es que se fiscalizaba a funcionarios que ya habían caído en desgracia”, dice, “el problema era que la Asamblea ejecutaba una decisión política ya tomada en el Ejecutivo en lugar de ser un mecanismo de contrapeso al Ejecutivo”.

En su opinión, para saber cómo es el estado de la facultad fiscalizadora “hay que preguntarse por los procesos en contra de Augusto Espinosa o Patricio Rivera, antes de que cumplan el año de haber salido de sus cargos, porque de lo contrario ya no será susceptibles de control político”. “Si bien hay una mejora en comparación con el peor momento del bloqueo de la fiscalización, creo que todavía no deberíamos cantar victoria”, menciona.  (Diario La Hora)

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