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Solo en enero de este año a Ecuador ingresaron 62.000 venezolanos, según el Ministerio de Turismo. Para tener una idea de la magnitud de la migración, el número es más o menos la población de Salitre.

Cuántos se quedan y cuántos se van a Perú, Chile y Argentina, es muy difícil de determinar. Pero ante esta realidad nace una inquietud: ¿alcanzarán las plazas de trabajo para todos?, tomando en cuenta que en Ecuador el 4,6 % de los ciudadanos están sin empleo y el 50,4 % tienen un empleo no pleno, según el INEC.

Al plantear la pregunta a la Asociación Mueve, la respuesta fue: “Los venezolanos también estamos creando plazas de trabajo en Ecuador”.

Juan Prada, asesor legal del grupo que ayuda a los migrantes venezolanos, dijo a Diario EXPRESO que solo en Guayaquil en el último año se han creado 80 pequeños negocios y unas 15 medianas empresas. Esto sin contar a los informales que venden, por ejemplo, arepa. Hay empresas de todo tipo, precisó Prada: gabinetes de belleza, restaurantes, confección de fajas y camisas. La lista es amplia. Para conocer esta realidad se entrevistó a Miguel Gallo, un empresario venezolano.

En exclusiva para EXPRESO, Gallo dijo que por 16 años fue importador en Venezuela junto a su socio Luis Sánchez. Pero hace siete meses se vino a Guayaquil con una mano adelante y otra atrás. Explicó que en su país la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) lo obligó por tres veces a vender sus productos a precios tan bajos que no le permitía ni recuperar el costo de inversión y por ello decidió migrar.

Así llegó al Puerto Principal, a la casa de un amigo. Desde el primer día salió a vender arepas y empanadas.

Tras reunir un pequeño capital abrió su negocio en Guayaquil, con el mismo nombre que tiene en Venezuela, Mega Repuestos Andina.

Una vez constituida la empresa en Ecuador, llamó a su proveedor en Panamá para contarle lo que le pasó y esa compañía le dio un contenedor de repuestos de carros, para pagar después de que los venda. Así empezó hace dos meses. Al inicio trabajaba solo, pero ahora ha contratado a cinco personas: tres ecuatorianos y dos venezolanos. Su meta es crear las mismas plazas laborales que tenía en Venezuela, 35. Su socio está por venir, pero para abrir la oficina en Quito.

Gallo enfatizó que como empresario formal ya ha pagado los correspondientes impuestos por importar, $ 12.000. Muy pronto espera traer dos contenedores más y pagará unos $ 40.000 en impuestos. Por ello Gallo resaltó: “Los venezolanos pagamos impuestos en Ecuador y también llegamos para crear más plazas de trabajo”.

Un chocolate caliente para el alma

La migración no para. El viernes 16, entre las 19:00 y 23:00, a la terminal terrestre de Guayaquil llegaron más de 300 venezolanos, que iban rumbo a Perú, Chile y Argentina. Ellos recibieron un refrigerio de un grupo de ecuatorianos solidarios que se unió a Sonríe Chamo.

Los nuevos solidarios se motivaron a ayudar tras leer el artículo ‘Venezolanos, a galleta y agua para migrar’, publicado en EXPRESO el pasado domingo 11. Entre los solidarios estuvieron exalumnas del Colegio Guayaquil, como Ericka Yépez y Veruschka Acuña, y migrantes ecuatorianas que viven en Carolina del Norte, como María Martínez y Mercy Martínez. Con su colaboración, Sonríe Chamo, un grupo de apoyo, regaló 300 refrigerios.

Para los venezolanos, fue algo más que comida para saciar el hambre. Representó un chocolate caliente para el alma.

A muchos de ellos se les llenaron los ojos de lágrimas y comían el pan y el pollo con un gusto singular. Osvaldo Montilla, mientras saboreaba el pan, comentó: “Tienen una idea de lo difícil que es adquirir dos panes en Venezuela. Hay que hacer filas de unas cuatro horas y hay que tener mucha suerte para que alcance para todos”. Otros indicaron que tenían meses sin saber lo que era comer pollo. El dinero que ganan en su país no les alcanza, el sueldo básico es de 248.510 bolívares y reciben un bono de 549.000 bolívares, lo que suma 797.510 bolívares, que les alcanzan solo para comprar un kilo de arroz, un kilo de fideo y un kilo de frejoles, lo que suma 600.000 bolívares, y un pollo entero mínimo cuesta unos 500.000 bolívares. Por eso dicen que trabajan un mes y tienen dinero para comer dos días. (Diario Expreso)

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