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Quedaron muchos sueños truncados y miedos que hoy no los dejan ni siquiera dormir. La madrugada del 1 de enero, cerca de la 01:00, cuando Dolores Lucas se disponía a tomarse una foto con sus hijos, uno de ellos, el más grande, de 13 años, salió a la calle a ‘jugar’. No pasaron ni cinco minutos desde que su madre empezó a buscarlo, cuando este apareció casi gateando, gritando de dolor… Tenía el rostro quemado, sin cejas, ni pestañas. El menor había rebuscado entre los escombros de los monigotes. Un artefacto, “posiblemente una camareta”, había estallado en su rostro, sin piedad.

Lucas, quien es de Santo Domingo y lleva apenas seis meses viviendo en la ciudad (razón por la que desconoce aún direcciones y no tiene referencias de qué hospital ofrece qué), recuerda el calvario que le significó buscar ayuda profesional.

“En el Hospital Universitario no (a escasas cuadras de donde vive) no lo atendieron y en el de Los Ceibos le dieron una pomada y lo mandaron a casa a descansar”. Pero sus lamentos eran tales que horas más tarde, alrededor de las 10:00, “cuando su rostro parecía estar chamuscado”, preguntando, buscando, llegó al Roberto Gilbert.

“Camino al sanatorio mi hijo me decía: ‘Mamá, no quiero quedarme ciego’. Yo solo me quería morir”. El niño, que según los primeros resultados obtenidos no perderá la vista, es apenas uno de los once que, tras el festejo de fin de año, fueron atendidos en el nosocomio infantil por efectos de los estallidos.

Los demás casos, tal como publicó EXPRESO de forma preliminar ayer (incluidos los chequeados en otros hospitales de la urbe, que en total suman 36), corresponden a seis pacientes que fueron atendidos ambulatoriamente (con quemaduras leves) y a otros cuatro que están internados con daños bastante complejos. Y permanecerán allí, como mínimo, quince días o un mes.

Entre ellos, explica Ana Soria, coordinadora de la Unidad de Quemados del hospital Roberto Gilbert, consta el caso de un menor de 12 años de Naranjito que, tras manipular residuos con pólvora, perdió los dedos índice y pulgar de la mano derecha, con la que por ejemplo escribe y sostiene un lápiz, una pluma.

Además está el caso de una pequeña de 10 años del Guasmo Sur, a quien le impactó un ‘volcán’ en el ojo. “Ella estaba jugando con su hermanito, él lo prendió. ¿Se imaginan cómo se sentirá el pequeño? ¿Qué estará sintiendo la familia”. La niña, dijo la experta, no ha corrido con la suerte del hijo de Lucas: ella no recuperará su visión. El estallido fue directo, interno, tan fuerte que los nervios se vieron afectados al punto de no poder ver ni siquiera con ayuda de una prótesis. “El daño fue irreversible”.

Soria, quien reporta que cuatro de las cinco detonaciones (en los hospitalizados) ocurrieron en el rostro, y asimismo en tres de los casos por camaretas o detonantes que los parientes mismo compraron, al momento está trabajando también con los padres, que en su mayoría atraviesan un proceso de depresión o culpa.

“Es común este tipo de sentimientos, incluso pasar por un conflicto familiar. Que los niños pierdan una parte de su cuerpo, cualquiera que sea, causa dolor y enojo”. Por ello, dice Soria, iniciará el proceso de duelo, a fin de que todos los miembros del clan se acostumbren al cambio de imagen y la acepten.

No es sencillo. “Si se tomaran más en cuenta las campañas lanzadas, evitaríamos tener familias destrozadas y niños con secuelas”. Hace falta trabajar más en la prevención. Es vital obrar en equipo, dijo.

52 víctimas se reportan en la Zonal 8

Según datos de la Coordinación Zonal 8 de Salud, que incluye a Guayaquil, Durán y Samborondón, entre el 30 y 31 de diciembre y 1 de enero pasados, 52 pacientes, entre niños y adultos, fueron atendidos por quemaduras en los hospitales del Ministerio de Salud. Entre ellos constan los 23 menores recibidos en el hospital infantil Francisco de Icaza Bustamante (15 en estado delicado) y otros dos en el Abel Gilbert, en Guayaquil. En ambos casos los daños fueron generados por los fuegos artificiales.

Incremento

Solo en el Roberto Gilbert se han incrementado los casos paulatinamente en los últimos tres años. En el 2016, de enero a diciembre, por ejemplo se atendió a 20 niños. En el 2017, a 16. Y en lo que va del año, a 11. Las autoridades creen que la cifra puede superar al resto, con los festejos que se efectúan el resto del año y usan pirotecnia.

Entes privados

En los hospitales privados de Guayaquil no se reportaron mayores novedades. En la Clínica Kennedy apenas se registraron unos casos de quemaduras leves por explosivos en adultos, pero que no requirieron de hospitalización. Todos los casos infantiles fueron derivados al Roberto Gilbert o al Icaza Bustamante.

Procedencia

El 47 % de los pacientes atendidos por esta causa en el Roberto Gilbert en los últimos tres años tienen entre 10 y 13 años, y otro 38 % entre 5 y 9. El 76 % de los casos asimismo proviene de la provincia del Guayas, la mayoría de veces de Durán y Milagro. Esta vez hay también niños de Naranjito y Daule. (Diario Expreso)

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