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Lenín Moreno se salió del libreto de Rafael Correa y por eso se ganó el apelativo de traidor. ¿Pero lo traicionó realmente? ¿Y si lo hizo, cuál es el nivel de convicción y cuál el de necesidad que hubo en su distanciamiento con aquel que había llamado Gigante de América?
Para ensayar una respuesta, ahora que cumple un año en el poder, lo mejor es devolver la película y examinar algunos de los factores que concurrieron para que Moreno decidiera romper con el correísmo.

  1. Correa, una estrella declinante: a finales de 2016, era palpable el grado de hastío que provocaba Rafael Correa. Su base electoral se había achicado al punto de que él mismo descartó de plano la reelección. Su estrategia fue copiar a Vladimir Putin: encontrar a un Médvedev para que gobernara desde 2017 bajo su control, y así preparar su retorno en 2021.
  2. La amenaza del caso Odebrecht: durante el 2016 era evidente el temor que despertaba en el propio Correa las consecuencias que tendría el caso Odebrecht en la campaña. El Fiscal, el Contralor y toda la cúpula del gobierno ocultaron a la opinión la información que sabían que estaba en poder de la Fiscalía de Brasil y de Estados Unidos. Eso llevó a Correa a proponer a los electores ocuparse de ese tema después de las elecciones. Él y Moreno sabían que se había activado una bomba de tiempo.
  3. Glas, un peso muerto: a finales de 2016, en el entorno de Moreno se sabía –y Eduardo Mangas lo reafirmó luego en el audio que le costó el cargo– que Glas era un cadáver político. Moreno lo aceptó en la papeleta para neutralizar a Correa que lo impuso porque no confiaba en Moreno y conocía la frase célebre de Velasco Ibarra: un vicepresidente es un conspirador a sueldo.
  4. El anticorreísmo como bandera: en Mayo de 2017, tras su triunfo polémico, Moreno dividió su estrategia en dos. Por un lado, se distanció de Glas y de Correa para curarse en sano y, por otro, buscó neutralizar el aparato partidista y parte de la cúpula correísta. El distanciamiento con Correa le valió una popularidad (más de 70 puntos en los sondeos) que no había previsto. Ahí nació políticamente como Presidente y supo que el país lo quería desligado del correísmo.
  5. La Consulta Popular partió la historia: con el triunfo de la Consulta el 4 de febrero, Moreno legitimó su poder, inhabilitó a Correa y obtuvo el mandato para elegir un Consejo de Participación Ciudadano Transitorio: este organismo puso otra dinámica en la política: dejó sin piso a la Asamblea (donde correístas y morenistas siguen sus amarres), inició la evaluación de los organismos correístas y cesó a algunos impresentables del antiguo régimen. Procedió a la descorreización a fondo que Moreno no había emprendido.

¿Entonces Moreno es el gran traidor de la era post correísta?

  1. Moreno supo, desde antes de la segunda vuelta, que su elección estaba comprometida, que Correa –con una base electoral declinante de alrededor del 30%– tenía más pasado que futuro, que si jugaba el papel de Médvedev se suicidaba políticamente y que Jorge Glas terminaría preso. Esos hechos escapaban a su voluntad y marcaban un derrotero. Entonces, ¿los traicionó? ¿O para sobrevivir políticamente su única opción era hacer cama aparte?
  2. Lenín Moreno tampoco podía ocultar los resultados de las investigaciones hechas en Brasil y Estados Unidos. Esa ola, que incluía cambios en la Fiscalía y la Contraloría, era irrefrenable. No podía proteger a Glas sin hundirse, electoral y políticamente, con él.
  3. La bandera del anticorreísmo fue un hecho generado por la opinión nacional, no producido por Lenín Moreno. Esto se reflejó en las encuestas y él tuvo que procesarlo en la consulta popular y en la conformación del Consejo de Participación Transitorio.
  4. Julio César Trujillo y los otros consejeros se conectaron con el sentir del país real. Su popularidad ha quitado piso a las ambigüedades y componendas de Moreno con miembros del correísmo. Le ha forzado a cambiar de ritmo y a decidir en función de la realidad, no de pruritos ideológicos: en esta dinámica se inscribe el cambio de María Elsa Viteri por Richard Martínez en el Ministerio de Finanzas.

En definitiva, Moreno ha actuado presionado por elementos exteriores (políticos, económicos, judiciales y de sociedad), que han conformado un nuevo momento político del cual resulta suicida sustraerse. De lo contrario, le hubiera tocado feriar todo su capital político, cargar en brazos una herencia de ineficiencia y corrupción y llevar la sociedad a puntos de tensión altamente peligrosos. Su mérito –y es destacable– es haber escuchado al país.
En cuanto a las convicciones que pueden marcar definitivamente su mandato, hay que esperar, hasta el 24 de Mayo, para ver qué sello pone, qué prioridades fija y qué coherencia da a su gobierno. (José Hernández – 4 Pelagatos)

 

Foto: Ecuavisa

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