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Una verdadera partida de Ajedrez se juega entre el Presidente y su Vicepresidenta. Pero este mediodía Lenín Moreno acaba de anunciar un jaque que se antoja letal: le retiró todas las funciones a la vicepresidenta, para que se defienda de las acusaciones de cobros indebidos que pesan sobre ella. Así se confirma que el distanciamiento era absoluto, aunque María Alejandra Vicuña simulaba gozar de la plena confianza de Lenín Moreno. Incluso dijo que “el cargo siempre estará a disposición del Presidente hasta que goce de su confianza, hemos hablado y seguimos trabajando normalmente”.

Los hechos (debidamente consignados en declaraciones y mensajes en algunas cuentas de twitter) muestran que, en su caso, las cosas ocurrían exactamente al revés de lo que ella pretendía. Tras la denuncia de Teleamazonas, el lunes 26 de noviembre, de cobros indebidos a uno de sus ex asesores, Ángel Sagbay, el Presidente la dejó políticamente en el limbo. Para esto le bastó un tuit en el cual dice tres cosas: ahora la justicia es independiente. La vicepresidenta está acusada. La institucionalidad determinará si es responsable. Un día después, en una declaración lapidaria, Andrés Michelena, completó el cuadro: dijo que el presidente sí habló con Vicuña, pero por teléfono. Amplió, sin apartarse en absoluto del tuit, el contenido del mensaje de Moreno. Y agregó que un grupo de ministros se reunió con María Alejandra Vicuña para transmitirle recados del Presidente.

Esa declaración modificó el panorama pintado por la vicepresidenta. Primero, porque la comunicación telefónica fue, por lo que averiguó 4P., muy corta (se habla de 4 minutos),  desprovista de cariño, como dijo Vicuña, y distante. Segundo, porque un grupo de ministros, enviados por Moreno, la visitaron el miércoles y le hicieron saber lo que el Presidente desea: que pida una licencia del cargo mientras se defiende. José Augusto Briones, secretario general de la Presidencia; Juan Sebastián Roldán, secretario particular del Presidente: María Paula Romo, ministra del Interior y Andrés Michelena, secretario de comunicación, le llevaron el mensaje. Ellos hacen parte de la mesa chica que es, en realidad, el círculo político más cercano del Presidente. La vicepresidenta, según nuestra reportería, aceptó esa alternativa. Las horas pasaron hasta que Carondelet llegó a la única conclusión posible: la vicepresidenta no asumiría ese compromiso. Por el contrario, emprendió tres acciones que mostraron que se atornillaría al cargo y que lo haría a pesar de que el Presidente muestra, en forma clara, que perdió la confianza. Una: crear el sofisma de que el presidente confía en ella y que sigue trabajando normalmente, mientras otros, que ella sitúa “en ciertos círculos gubernamentales” la quieren “quitar de en medio”. Dos: emprendió una enorme cruzada en redes sociales para demostrar, supuestamente, la importancia de la labor que cumple en la Vicepresidencia. Tres: movilizó a sus partidarios para que le den un baño de popularidad a su llegada el jueves a Guayaquil. Todo eso cayó muy mal en laPresidencia.

Paralelamente, Maria Alejandra Vicuña trató de parar el desangre político que le causan las denuncias sobre los cobros indebidos que fueron a su cuenta personal. Pero al hacerlo, agravó su caso. Primero porque dijo no acordarse de cuánto dinero recibió desde el 2011… corrigió, desde 2009. Y segundo, porque mantiene que esa práctica es legal y no riñe con la ética.

Su padre también agrava hoy, en El Universo, el caso de su hija. Tratando de cortar de tajo las denuncias que siguen apareciendo (Código Vidrio publicó la denuncia de otra ex asesora suya que, entre 2009 y 2011, le transfirió 26 000 dólares), Leonardo Vicuña dijo que hay entre diez o doce casos: “Libre y voluntariamente diez o doce compañeros que han trabajado en ocho años con María Alejandra como asambleísta han entregado sus aportes…”. Eso ya es una empresa dedicada al delito de concusión. Y ese delito, reconocido por el padre y operado por la hija, es imprescriptible.  Por lo tanto, quien es acusado debe responder ante la Justicia sin importar el cargo que ocupe. En claro, María Alejandra Vicuña juega tiempo extra en la Vicepresidencia de la República.

Su estrategia de victimización (montada alrededor de un complot para sacarla del poder) no tiene tierra abonada donde crecer. En cambio, ella tiene tiempo por delante. Por un lado, gracias a las fiestas de fin de año que bajan la actividad política. Por el otro, no hay Corte Constitucional y es ella -que se conformará en un par de meses, según el consejero Pablo Dávila- la llamada a calificar la pertinencia del juicio político que se cocina en la Asamblea Nacional. En cualquier caso, su suerte está echada. Y hoy lo entendió al pedir una licencia no remunerada hasta el 31 de diciembre. Moreno se le adelantó y ella, que Moreno premió, sin mérito alguno, llevándola a la vicepresidencia, está ya casi de patitas en la calle. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Vicepresidencia de la República

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