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Las cinco ternas para la conformación del nuevo Consejo de la Judicatura han sido enviadas. Hay de todo. Los prestigiosos, muy pocos; los desconocidos, la mayoría; los grises y turbios, unos cuantos más. Si la idea es generar un cambio en el Poder Judicial, este paso no es firme y deja muchísimas dudas en cuanto a lo que le puede venir a la administración de justicia del país. Por ello, dado que las ternas tienen tantos altibajos, desequilibrios y candidatos abiertamente cuestionados, antes de seguir en el procedimiento de selección quizás lo más prudente sea que el Consejo Transitorio solicite a los entes nominadores el cambio de los nombres sometidos a examen. Si ya lo hizo una vez con la terna del Ejecutivo para la designación del Superintendente de Control de Mercado, no habría razones de fondo para que en esta ocasión el Dr. Trujillo y sus consejeros no procedan de forma similar. Si no lo hacen, serán responsables del descalabro institucional que se puede venir.

La idea de conformar una terna, más allá del caso de marras, es ofrecer a quien efectuará la designación un conjunto de opciones que, dados los requisitos y expectativas sociales generadas, sean similares en cuanto a capacidades, destrezas, aptitudes y antecedentes públicos. Así, la esencia de proponer una lista de candidatos, como la terna en el caso del Consejo de la Judicatura, o la quina presentada en Chile por la Corte Suprema (para que luego sea el Presidente en acuerdo con el Senado quien designe al nuevo juez supremo), es que cualquiera de los postulantes esté en posibilidad de ser elegido sin que eso cambie de forma drástica el resultado socialmente deseable.

Desafortunadamente, eso no sucede con los candidatos presentados por Ejecutivo, Legislativo, Corte Nacional, Defensoría Pública y Fiscalía General. De hecho, si se eligieran los primeros candidatos de las ternas enviadas, el Consejo de la Judicatura tendría una conformación diametralmente opuesta a si se designara a las personas que ocupan el tercer lugar.

Por lo expuesto, y sin necesidad de juzgar nombres, el problema de fondo es que las ternas han sido deficientemente estructuradas. Descuido, inoperancia o irresponsabilidad con el difícil momento que atraviesa el país son los adjetivos que se podrían imponer a los entes nominadores. Si uno de los clamores ciudadanos es la recuperación de la independencia judicial y hacia ello ha intentado caminar el Consejo Transitorio, resulta inverosímil que se hayan propuesto los nombres que ahora se discuten. Para un lector suspicaz, la primera idea que surge es que se desea cambiar todo… para que todo siga igual. Así, a la vieja usanza de la política ecuatoriana hasta antes de la llegada de la Revolución Ciudadana. A la usanza de los diez años de la Revolución Ciudadana. Por ello, los conflictos judiciales del ex presidente explican solo en parte las desbalanceadas (por decir lo menos) ternas enviadas. Hay otros intereses que también están en juego y que tienen que ver con el mantenimiento de prebendas históricamente ancladas en el Poder Judicial.

Si ya el desinterés por el futuro del país ha sido expuesto de cuerpo entero por el Ejecutivo, la legislatura, una presidenta de la Corte Nacional que se niega a que evalúen su trabajo y el de sus colegas y dos funcionarios públicos que no se juegan a nada por su estatus de encargados (fiscal y defensor público), al menos el Consejo Transitorio debería impedir que se consume un golpe más a la institucionalidad del país. Rechazar las ternas, evidenciar ante la opinión pública la liviandad con la que asumen la reestructuración de la justicia los entes nominadores y así defender los intereses de la ciudadanía, es una tarea ineludible que debe asumir el Dr. Trujillo y sus consejeros. Si no lo hacen, en lo que ocurra con el nuevo Consejo de la Judicatura (nada bueno seguramente) y con la democracia del país tendrán ellos, los siete, una responsabilidad directa.

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Si ahora el Consejo Transitorio no asume la posición histórica que el país le demanda, pronto su legitimidad irá en descenso y con ella la posibilidad de una consulta popular exitosa. Devolver las ternas enviadas para conformar el Consejo de la Judicatura no es, por tanto, únicamente un desafío frente a la justicia, constituye también un punto nodal de cara a la eventual desaparición del propio Consejo de Participación Ciudadana. Muchas cosas están en juego tras la decisión que deben asumir el Dr. Trujillo y sus consejeros respecto a las lamentables ternas enviadas para conformar el Consejo de la Judicatura. El país queda a la espera. (Santiago Basabe – 4 Pelagatos) Caricatura: Joseph Expreso

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