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¿El retorno que anunció hoy Rafael Correa, para este jueves 4, es una mala o una buena noticia para el gobierno? Si se sigue la lógica del ex presidente, la noticia debiera ser preocupante para Lenín Moreno y su enorme espectro de aliados alrededor de la consulta popular: Correa siempre inventó un enemigo para aceitar su popularidad y esta vez no escatimará en meter a Lenín Moreno y los demás actores sociales y políticos en el mismo saco. Él contra todos. Convertirse en el líder del No debiera darle réditos porque Correa contará hasta el último de los votos como suyo. Pero si se sigue la historia de Correa en campañas, la noticia puede ser reconfortante para los partidarios del Sí: Correa ha sido perseverante en la tarea de pegarse tiros en la nuca. Basta repasar las veces que descendió del vehículo para perseguir a algún crítico o manifestante.

Correa no sabe, además, remar a contracorriente. Y esta vez su horizonte político luce particularmente adverso. A su desesperación, hay que sumar el carácter mitómano que lo caracteriza porque es imposible que lo suyo, sea solo cinismo. Él cree, por ejemplo, como lo dijo hoy en radio Gaviota de Machala, que su último viaje fue un verdadero éxito, opacado por el silencio de los medios de comunicación. Su desfase con respecto al momento político, que los sondeos corroboran en general, lo vuelve particularmente vulnerable. Correa puede volver la consulta un reality show: él puede encarnar, y muy seguramente lo hará, el personaje que los ciudadanos quieren inhabilitar en las urnas: autoritario, aspirante a eternizarse en el poder, corrupto y encubridor de corruptos, mentiroso y mitómano. Es factible que, como hizo con Augusto Barrera en la campaña para la alcaldía de Quito en 2014, se convierta, en 2018, en el mejor promotor del Sí.

En todo caso, él no procesó el mensaje del electorado en 2017 (cuando no pudo presentarse y su candidato ganó, según el CNE, por una nariz) ni el de su viaje de diez días que concluyó el 5 de diciembre pasado. Vuelve por física desesperación y 4P. ya evocó razones por las cuales la misión que se impuso es imposible.

Ahora vuelve a hacer campaña; a poner en juego sus supuestas dotes de gran elector. En Radio Gaviota dijo que era como volver al inicio, a 2006, cuando, según dice, gastó suela por las calles de pueblos y ciudades del país. Otra falacia. En 2006 Correa tuvo alrededor suyo un ejército de movimientos sociales y partidos políticos que le ofrecieron audiencias, tarimas, apoyo y un discurso tras el cual parapetarse. Hoy esos movimientos y partidos harán campaña contra él. En 2006, él era la esperanza; hoy es el esperpento que todos sus ex aliados quieren jubilar definitivamente. En 2006, él encarnaba para la mayoría del electorado el futuro; hoy él es el pasado que esa mayoría, según los sondeos, quiere enterrar.

Correa no solo riñe con el momento político. Se equivoca al trasladar la bronca interna de su partido al conjunto de la nación. Se equivoca al equiparar su problema personal (no poder ser más candidato a la Presidencia) con los derechos políticos que tienen 13 millones de personas que pueden votar y ser candidatos. Se equivoca al creer que el programa que quiso imponer a Lenín Moreno –y que incumbe al núcleo duro del correísmo (menos del 20% del electorado)– interesa a la totalidad de la ciudadanía.

Se equivoca, en fin, si cree que su mitomanía es imperceptible: decir, como lo repitió por enésima vez hoy, que Moreno quiere concentrar todos los poderes (como si no hubiera sido esa, precisamente, la particularidad de su gobierno); decir que ahora solo hay una sola voz y un único discurso (como si él no hubiera impuesto su voz como la única, con aparato de propaganda y vasallos para castigar a los disidentes); decir todo eso es más digno de un caso de psiquiatría que de un discurso de oposición. Todo esto vuelve imposible la tarea que se impone.

Queda por ver si el reality show en el cual acaba de inscribirse sirve a sus partidarios que más parecen legión de huérfanos. Es evidente que Correa viene (entre tantas expectativas que ellos abrigan) a evitar que la poca estructura partidista que le queda se volatilice. Gabriela Rivadeneira habló de que harán un nuevo partido; lo cual significa que ya no cuentan con Alianza País.

Correa regresa, como hizo en noviembre, a tratar de parar el vendaval que lo acorrala, a tratar de proteger sus espaldas y a liderar el No. Viene, fingiendo o aparentando ignorar, que la audiencia, que tanto lo aplaudió, lo quiere definitivamente fuera del reality show en el cual él es ahora rey destronado y mitómano incorregible. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Correa fue despedido el 5 de diciembre 2017 por un puñado de simpatizantes en Guayaquil/ Foto El Universo

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