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Parece que el Ecuador ha rechazado el populismo y el socialismo del siglo XXI pagando la novelería de creer en revolucionarios chimbos es que ha visto lo que nos ha ocurrido en el país, lo que sucede en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba y Centroamérica y ha verificado que estamos a galaxias de distancia de los países desarrollados.

Son solo señales esperanzadoras, pues el panorama no es para cantar victoria, además que ciertos hechos son contagiosos y los pueblos tienden a ser tercos, pues se apela a sus pasiones e intereses y no a su inteligencia. Así en México el nivel de aprobación de Peña Nieto es tan bajo que las encuestas le dan como favorito a Andrés Manuel López Obrador, quien pertenece al mismo bando del socialismo del siglo XXI.

A la primera de bastos peleará con los Estados Unidos y exhibirá toda la parafernalia de víctima del imperialismo yanqui, todo dizque en defensa de los pueblos explotados. En Brasil la sorpresa es la posible candidatura de Luiz Inacio Lula da Silva, si antes no va a prisión. De nuevo el populismo hará de las suyas, sin importar la carga de corrupción e impunidad que ha dejado Lula da Silva.

En Venezuela Maduró seguirá, mediante fraude descarado e imposición, en la presidencia. Adiós democracia, división de poderes, además que proseguirán las limitaciones a las libertades y los problemas económicos. Cuba soportará elecciones presidenciales castrodirigidas.

Bolivia tendrá de nuevo en la palestra a Evo Morales, merced a una corte constitucional sumisa que ha hecho caso omiso de la voluntad popular que no quería reelecciones indefinidas. Colombia afrontará sus propias divisiones, el avance de las FARC convertidas en partido político con medios económicos clandestinos y con diputados fijos porque así acordaron en el acuerdo de paz.

Ecuador no tiene un panorama tan sombrío. La consulta popular es una salida al populismo y a sus abusos. Resta que la economía retome los buenos pasos, y se olvide de pensar en el “proyecto” que solo ha dado decepciones, endeudamientos onerosos, corrupción y la creación de una casta de depredadores públicos. (Manuel Castro – Diario La Hora)

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