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Lo bueno es que las cifras calzan; lo malo es que no son reales. Esta premisa, usada durante el gobierno de Rafael Correa, sigue siendo la que guía la política de Carlos de la Torre, ministro de Economía y Finanzas. El propio presidente, poco versado en los temas económicos, tiene elementos, suministrados por él mismo, para darse cuenta de que su gobierno sigue torciendo el cuello a las cifras para dar la impresión de que, en el campo económico, tiene todo bajo control.

¿Qué dijo Lenín Moreno? Que la deuda pública sumaba $60 mil millones (60% del Producto Interno Bruto, PIB). Es decir, el presidente se salió del libreto correísta que en el tema de las deudas del Estado no consideró la deuda agregada sino la deuda consolidada: con esta astucia, que tomó forma gracias a un decreto Ejecutivo, se excluyeron las deudas que tiene el Estado con las entidades públicas y las operaciones de corto plazo entre el Banco Central y el Ministerio de Finanzas. Correa para justificar este absurdo habló de que nadie cuenta la plata que pasa de un bolsillo a otro. Carlos de la Torre le puso un matiz familiar: las deudas internas son, dijo, como aquellas deudas que contraen los maridos con sus esposas. No se contabilizan.

Esto explica por qué las cifras que el Presidente Moreno anunció, cuando decidió transparentar la deuda pública registrada y no registrada, fueron archivadas. Moreno demostró que Correa violó la Constitución que fijó un límite de endeudamiento de hasta el 40% del PIB. Pero lo que es censurable para Correa, se volvió tolerable para su gobierno y Carlos de la Torre que ignora todas las deudas no catalogadas como externas. No solo se puso al margen del concepto que aupó Moreno (deuda es lo que el Estado debe pagar): agravó el endeudamiento en casi 7% del PIB. Ahora sus cifras dicen que el Estado solo debe $32 mil millones: 32% del PIB y no 61% del PIB; cifra que, según Mauricio Pozo sumaba el conjunto de obligaciones del Estado cuando llegó Lenín Moreno a Carondelet.

El truco inventado por Correa y usado por de la Torre permite mantener viva la fórmula del desastre: el gobierno inyecta recursos para que, como dice de la Torre, el Estado no colapse y para que la economía supuestamente crezca. De esa manera, ni cambia el rumbo económico ni pone coto al endeudamiento cuyo ritmo fatalmente se acelera. Por esto, en este gobierno Petroamazonas emitió bonos y el país de nuevo empeñó oro, esta vez 200 mil onzas, contra $200 millones que el Banco Central requirió para la reserva internacional.

El ministro de economía y Finanzas sigue contando cuentos chinos al país. La transparencia prometida por el Presidente en las cuentas del Estado ya es historia. La metodología para calcular la deuda pública no refleja, como ocurrió durante el correísmo, la deuda real del Ecuador. En vez de servir de antena para una ciudadanía engañada en materia económica, durante diez años de correísmo, Carlos de la Torre parece un político en campaña que abusa de la fe pública. Es un abuso decir que el balance económico de 2017 es positivo. Es un abuso decir que no hubo paquetazo, como si la economía tuviera que oscilar entre aplicar paquetazos o no aplicarlos. Es una mentira piadosa decir que la “economía está en etapa de clara estabilización”.

¿Cómo puede ser positivo el balance de 2017? ¿Acaso hay reactivación económica? ¿Acaso hay un crecimiento sostenido y suficiente cuando ni siquiera iguala al del 2014, último año con una cifra medianamente presentable (3.8%)? ¿Acaso el gobierno no contrajo deudas en solo seis meses por cerca de $7000 millones? ¿Qué es lo positivo? Que el Estado, para no colapsar, según su expresión, tenga que mantener instituciones innecesarias, aumentar impuestos y seguir endeudándose? ¿Que el gobierno no tome medidas necesarias (que nada tienen que ver con el paquetazo de marras) porque sigue tetanizado por la consulta del 4 de febrero?

Carlos de la Torre no dice, como es su obligación, la verdad al país. Miente o dora la píldora sobre el déficit real de 2017 y el previsto para 2018. Miente o dora la píldora sobre los ingresos petroleros y los ingresos tributarios, claramente sobrevaluados. Miente o dora la píldora sobre la renegociación de la deuda externa. Hoy en Ecuavisa, el ex ministro Fausto Ortiz mostró el contrasentido que produce Carlos de la Torre cuando dice que piensa renegociar la deuda y emite deuda. El mercado, dijo, entiende que no hay plata.

Parte de la labor del gobierno de Moreno es decir la verdad al país y no engatusarlo. No es lo que hace el ministro encargado de las cuentas. Seguramente él hace parte de aquellos que creen que si se dice de izquierda y está en el gobierno tiene que disfrazar la realidad, hasta volverla cuento de hadas. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: El Telégrafo

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