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“El día de ayer a las 12 de la noche, de acuerdo a lo que manifiesta la Constitución, cesó en sus funciones el señor vicepresidente de la República, Jorge Glas”. El anuncio fue hecho por Lenín Moreno en el Gabinete Ampliado Ministerial que tuvo lugar hoy en Carondelet.

El Presidente dijo que, pese a que tiene 15 días para enviar la terna a la Asamblea, de la cual saldrá el reemplazo de Glas, la enviará en menos días. La demora está en certificar, ante las instituciones, que transcurrieron los 90 días previstos de ausencia temporal del cargo por parte de Glas, detenido en la cárcel 4 de Quito.

Moreno no dio una información: produjo un hecho político en su calidad de Presidente: usó un mecanismo legal y expedito para separarse de Glas que, a pesar de sus problemas penales, dijo y repitió que no renunciaría. De paso, cumplió el deseo mayor de correístas y morenistas en la Asamblea que hicieron causa común para no censurar al ex vicepresidente. Todos, desde José Serrano, presidente de la Asamblea, hasta María José Carrión, presidenta de la Comisión de Fiscalización, podrán lavarse las manos ante la opinión. Ahora podrán decir que tuvieron la firme voluntad de entablar un juicio político contra Glas, pero que el hecho de perder el cargo por abandono les trunca su voluntad fiscalizadora. El hecho cierto es que hasta última hora –como lo prueba la decisión de María José Carrión de certificar todas las hojas del expediente de Glas– correístas y morenistas lo protegieron y evitaron hacerse cargo de esa papa caliente. Y para la opinión no es lo mismo un vicepresidente que se cae por abandono de cargo que un vicepresidente censurado por corrupción.

Esos morenistas-correístas no escapan, sin embargo, al sambenito de traidores que les colgará el correísmo radical: ese mismo grupo (menos los 23 correístas radicales) tendrán que votar, con la oposición, por la persona que reemplazará a Glas. Muy posiblemente por María Alejandra Vicuña. Ella encabeza la terna que, según fuentes oficiales, Moreno enviará a la Asamblea. Ella calza en los atributos que Miguel Carvajal, ministro de la política, dijo hoy, “a título personal”: goza de la confianza de Moreno y es costeña. Espinosa nació en España y Rosana Alvarado es cuencana. Con ellas, no habría el equilibrio regional del cual habló Miguel Carvajal.

Además Vicuña tiene a su favor un menor protagonismo en la política nacional durante el correísmo. Menor al de Rosana Alvarado y María Fernanda Espinosa que lograron crear, desde sus cargos, anticuerpos en esa franja política de la oposición cuyos votos necesitan para aspirar a destronar a la actual vicepresidenta encargada.

Rosana Alvarado no solo hizo parte de las sumisas funcionales sino que se contagió de la prepotencia y de la crueldad de las que hizo gala el correísmo en el poder. En ese plano, aún se recuerda su actitud, la truculencia y sus mecanismos para procurarse información, o fabricarla, en la demanda que presentó, como vicepresidenta de la Asamblea, contra Polibio Córdova. Demanda que mantuvo siendo Ministra de Justicia y que ya perdió, en parte, en una corte.

María Fernanda Espinosa tiene aún menos pergaminos a su favor. El manejo de la política internacional ha sido tan desastroso como fecunda su defensa de los dictadores de Cuba y Venezuela. De su paso por el Ministerio de Defensa se recuerda su deseo, expresado y compulsivo, de poner a los militares al servicio de la Revolución Ciudadana. Ser la esposa de Eduardo Mangas, ex funcionario de Daniel Ortega y ex secretario general de la Presidencia de Moreno, le resta puntos políticamente. Por las infidencias que hizo su esposo sobre la forma como llegaron al poder y el doble discurso que, según dijo, tiene el gobierno de Moreno con respecto al diálogo y a la lucha contra la corrupción.

Si Moreno confirma la terna, que funcionarios suyos ratificaron, habrá resuelto el problema mayor: separarse de Jorge Glas, el hombre institucionalmente más cercano pero leal a Correa y ligado directamente con la corrupción de ese gobierno. Es un golpe letal dado a la estructura correísta que de esta forma queda prácticamente en soletas. Moreno se refuerza, pone vicepresidente pero suma motivos para que se incremente la masa crítica en su contra. Hay decepción, como se lee en las redes, de aquellos que esperaban un mensaje nuevo con motivo de esta terna; mensaje ligado a nombres que nada tuvieran que ver con el pasado aciago del cual el propio presidente dice, en sus discursos, querer salir.

El Presidente, no hay como olvidarlo, ama el recalentado. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: El Universo

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