Compartir

El gobierno de Lenín Moreno necesita desesperadamente un nuevo relato político que le permita sacar la cabeza del agua y, voilà, apareció el Tren Playero.

La mayor prueba de que el Tren Playero es un recurso político y no un proyecto de infraestructura seriamente estudiado fue la rueda de prensa que dieron (¿improvisaron?) hoy en Carondelet, miércoles 10 de octubre, Eduardo Jurado, Secretario de la Presidencia y Santiago Cuesta, asesor del presidente, así como el Ministro de Transporte, Aurelio Hidalgo. La intervención de los tres funcionarios fue al día siguiente del anuncio que Lenín Moreno hizo en Guayaquil del proyecto ferroviario que, se supone, unirá a las ciudades de Durán con Manta.

En la presentación Jurado, Cuesta e Hidalgo no presentaron ningún estudio serio de factibilidad, rentabilidad o financiamiento y dejaron en claro que, más bien, es una idea llena de buenas intenciones, lugares comunes como aquel de “las vías aumentan la competitividad que tanta falta hace” y cuyo objetivo primordial es crear eso que tanto gusta a los políticos del tercer mundo: una atmósfera de expectativa colectiva frente al futuro a punta de obras.

Los tres funcionarios se limitaron a recitar, durante la presentación, un listado de ideas que suenan bastante buenas y guardan cierta coherencia, pero que claramente no tienen sustento técnico ni parecen ajustarse a la realidad del país. Fue tan notorio que a la idea del Tren Playero la habían cazado, con suerte, en las últimas semanas que no hubo un solo dato sólido sobre su factibilidad durante la rueda de prensa. ¿Cuánto costará? No más de mil millones y la primera fase 400. ¿Cómo se financiará? Seguramente lo harán las empresas interesadas. ¿Cuáles son las empresas interesadas? Cri, cri. ¿Cuánto se demorará la construcción? La primera etapa en 26 meses. ¿Y cuándo comenzarán las obras? Cri, cri…

Dentro de las vaguedades que dijeron los funcionarios, quizá Santiago Cuesta fue el que con mayor claridad puso en evidencia la improvisación del proyecto. “El proyecto tiene un montón de ventajas que las conoceremos a mitad del camino”, respondió el asesor presidencial ante la pregunta de un periodista. Según Cuesta, la idea nació cuando, al analizar el tránsito terrestre que se va a crear cuando se haga el puerto de aguas profundas en Posorja, se vio que se iba a genera un volumen muy grande de contenedores que tendrán que movilizarse hacia Guayaquil y el resto del país. Según el asesor del presidente, se trata de 100 mil contenedores diarios. No dijo nada, por ejemplo, que justifique que ese proyecto es de mayor prioridad para el país que tener una vía, al menos decente, que una Guayaquil con Quito.

Los funcionarios explicaron que el proyecto se divide en dos. Uno es el que une a Daule y Posorja, donde está el puerto y el otro es el que uniría a Posorja con la ciudad de Manta. De acuerdo a lo que dijeron, el primer tramo está más enfocado en el transporte de carga y el segundo más en el turismo. Según lo que anunciaron, al presidente Moreno se le ocurrió la segunda etapa cuando le propusieron que se haga un tren de carga que una Daule con Posorja. Si el tren ya llega a ese puerto, entonces que continúe hasta Manta, fue la opinión del Presidente, según dieron a entender los funcionarios.

Dentro del listado de las razones para llevar adelante el proyecto, los funcionarios hicieron énfasis en la necesidad de estimular la economía de la península de Santa Elena, facilitando el transporte de lo que se produce en esa zona. Sin embargo, ninguno de los tres presentó algún estudio sobre lo que esa región produce o podría producir. Ni siquiera se habló de algún plan futuro de inversión agrícola o agro exportador que justifique la construcción de ese ferrocarril. “En medida que se vaya dinamizando la economía de la península veremos”, dijo Cuesta.

Jurado fue quizá el que más utilizó el lenguaje tecnocrático que dominó el correato para referirse al proyecto. Habló de nudos de producción cuando resaltó la importancia de unir con un tren los dos puertos más importantes del país: el que habrá en Posorja con Manta y los tres aeropuertos de la zona: el de Guayaquil, el de Salinas y el de Manta. Y dijo que “Hay un altísimo potencial”.

Durante la presentación no hubo un solo dato que sostenga la conveniencia de unir Daule con Manta con un tren, antes que mejorar la red vial existente entre esos dos puntos, por ejemplo. Tampoco un estudio sobre el volumen de la actividad turística que supuestamente produciría el hecho de que un tren recorra todo el perfil costanero desde la Península hasta Manta, cuando en ese trayecto ya existe la llamada Ruta del Sol. Jurado apenas dijo, sin un documento que le sustente, que en un feriado podría transportarse 7 mil turistas. ¿Y el resto del año?

La ronda de preguntas y respuestas fue precaria al momento de proveer de certidumbres. Nadie detalló cómo se financiará la obra ni cuánto demorará en hacércela completamente. Si bien el ministro Hidalgo dijo que el primer tramo demorará 26 meses, nunca precisó cuándo arrancarán las obras ni cuánto demorará la etapa que une a Posorja y Manta, que es significativamente más extensa que la primera. Entre los pocos datos que lanzó Hidalgo está el de que la primera etapa será rentable mientras que la segunda seguramente necesitará de un subsidio estatal. Pero sobre el subsidio no hizo ni la más mínima precisión, como si viviera en un país al que le sobra la plata.

La explicación del proyecto que Moreno había lanzado el día anterior durante las fiestas de Guayaquil, más que despejar dudas sobre el tema, pareció confirmar que el Ecuador sigue atrapado en una lógica según la cual hacer política desde el poder no es posible sin el auxilio de la promesa de inmensos proyectos de infraestructura pública.

El correato dejó, en crear expectativas falsas sobre infraestructura, una amplia experiencia que el gobierno de Moreno parece querer replicar. Ahí se hizo la promesa de la Refinería del Pacífico que nunca se concretó, a pesar de los más de 1 200 millones invertidos; la de la rehabilitación del tren que une a Quito con Guayaquil, por el que se pagó 650 millones de dólares y que no sirvió para mucho; la de la Universidad Yachay que ahora agoniza en Imbabura, y, la de los aeropuertos de Santa Rosa, Tena o Latacunga que ahora están prácticamente abandonados. Eso, solo para nombrar unos casos.

El Tren Playero apareció como una bombona de oxígeno y su presentación se pareció más al anuncio de la inversión de Tesla en Yachay que hizo el correato en sus intentos de ganar las últimas elecciones. No hubo en esta rueda de prensa ni siquiera el asomo de un proyecto técnico, justificado, discutido, financiado y consensuado, y que tenga los estudios serios y pertinentes que permitan garantizar su éxito. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí