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La canciller María Fernanda Espinosa saltó al ruedo hoy jueves 11 de enero con un propósito desesperado que se resume en tres palabras: salvar el cargo. Lo hizo en una rueda de prensa durante la mañana cuando el escándalo por la nacionalización de Julian Assange y el intento de su Cancillería de convertir a Assange en diplomático ecuatoriano en Londres, estaba en lo más alto de la cresta.

En esa rueda de prensa, Espinosa hizo un pedido público para que se le permita a su Cancillería seguir manejando el tema de Assange. Un mensaje que, evidentemente, tenía un destinatario único: Lenín Moreno. “Esperamos sinceramente y eso lo digo de verdad, convencida, de que se le permita a la Cancillería manejar este tema como lo hemos venido haciendo, con la mayor prudencia y discreción, porque este caso tan delicado así lo amerita”, dijo.

Su intento por salvar el cargo fue, sin embargo, un salto al vacío. Para tratar de sostenerse como Canciller, ella aceptó, en forma tácita, haber mentido sobre el tema. En efecto, en la rueda de prensa en la que leyó durante ocho minutos y pico un texto que llevó preparado, la canciller anunció solemnemente algo que había eludido públicamente 48 horas antes: que el Ecuador había naturalizado a Assange. Espinosa aseguró que eso era tan solo un rumor que circulaba en redes sociales y que aquello que se dice en redes no merece ser comentado. Hoy jueves, en cambio, hizo un relato sobre el proceso de nacionalización de Assange que empezó en septiembre de 2107.

Es evidente que la Ministra de RREE quiso desdramatizar el escándalo que generó el operativo Assange y que intentó hacerlo aparecer como algo tan normal que nadie debería sorprenderse, peor alarmarse, por todo lo que ocurrió en Londres.  Pero lo que ni Espinosa ni sus asesores de comunicación entienden es que hay temas que huelen tan mal, pero tan mal, que ni siquiera tres metros de tierra encima son capaces de esconder.  

Para comenzar su intervención, Espinosa quiso descargar sus responsabilidades ensayando apuntar el dedo acusador a quienes revelaron lo que su Cancillería estaba cocinando en Londres. “Comenzamos lamentando las filtraciones y manipulaciones”, dijo la funcionaria como si lo que ella llama filtraciones y manipulaciones no fueron hechos concretos como la cédula ecuatoriana del señor Assange, su nacionalización y el pedido de acreditación como diplomático. ¿Filtraciones y manipulaciones? Curiosa forma de pretender de que el problema está en la filtración y no en los hechos que ella generó y conocía desde el 21 de diciembre del año pasado. Hechos completamente probados, como la negativa británica a la acreditación diplomática de Assange, y que ridiculizaban a la diplomacia ecuatoriana.

Espinosa se lamentó también por lo que llamó “falta de discreción” de los medios que ventilaron el tema porque, según ella, eso afectó al país. ¿No será más bien que fue ella la que afectó la imagen del país?  Espinosa no debería hablar de discreción para atacar a quienes transparentaron el tema porque lo que hubo, y Espinosa lo probó ayer, fue un claro ocultamiento oficial sobre lo que se había hecho para sacar a Assange de Londres. “No hay en esto nada secreto”, dijo Espinosa como si con su rueda de prensa no hubiera demostrado de forma palmaria que se estaba ensayando el operativo desde hace un año. ¿Si no había nada secreto cómo es que recién ahora se conocen los hechos gracias únicamente a las filtraciones?

Espinosa dijo asimismo que todo el problema se debe a que hay “claros fines políticos” tras las revelaciones. No dijo, sin embargo, cuáles eran esas motivaciones. Si llega a hablar sobre  la existencia”claros fines políticos”, como dijo, lo normal sería que tenga la honestidad intelectual y política de decir qué intereses son los que quieren destapar la olla podrida que estaba cocinándose en su fogón.

Para la Cancillería el entuerto causado por Assange es un tema heredado. Lo dijo ayer jueves y lo dijo también un comunicado de su despacho el miércoles 10 de enero.  En eso tiene razón Espinosa: el caso Assange lo fabricó el gobierno de Rafael Correa del que ella y muchos de sus colaboradores, así como funcionarios de este Gobierno fueron miembros. Lo que lo único que le faltó decir es la verdad completa: que fue un problema heredado por ellos mismos. ¿Existe algo del Gobierno de Rafael Correa que ella con su aprobación o silencio no haya consentido?

Entre las cosas que aseguró, para presentar el caso Assange como algo normal, legal y justo, Espinosa dijo que para solucionar la difícil situación de Assange en la Embajada, el Ecuador había pedido una opinión a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y que aún se espera esa respuesta. ¿Por qué Espinosa hizo la consulta a un organismo con el que el Reino Unido no tiene ninguna vinculación o subordinación? Espinosa trata de convencer a quienes la escuchan de que lo que existe es un problema internacional y de derechos humanos cuando lo que es claro que está en juego es un impasse bilateral entre el Ecuador y el Reino Unido. Ese país tiene una orden de prisión en contra de Assange porque éste violó su normativa al haber escapado del arresto domiciliario en el que se hallaba en agosto del 2012 cuando negoció su asilo con el Ecuador.

Si se escuchan los ocho minutos y pico de la declaración de Espinosa, es evidente que en ningún momento se refiere al conflicto que Assange tiene con la justicia inglesa. Es como si todo fuera un capricho británico y no existiera el antecedente de la fuga de Assange que constituye, claramente, en una violación a las normas del Reino Unido.

Espinosa dio algunos datos muy interesantes durante su intervención. Uno de ellos revela la celeridad e inmensa eficiencia con la que se le dio la ciudadanía ecuatoriana a Assange.  Según la Canciller, fue Assange quien pidió su naturalización el 16 de septiembre del 2017 cuando ya había vivido cinco años y medio bajo “jurisdicción ecuatoriana”. Enseguida precisó que el trámite estuvo listo el 12 de diciembre del 2017. Llama la atención que todo el proceso, que para cualquier extranjero en el Ecuador toma al menos un año de insufribles trámites, le haya tomado a Assange apenas tres meses. Y en 9 días, él pasó de simple ciudadano naturalizado a diplomático con nombramiento en Londres. !Nueve días¡

En el tema de la nacionalidad, el relato de Espinosa también cojea. ¿No era obvio o al menos sospechoso que si Assange pidió la nacionalidad ecuatoriana era para beneficiarse de una posible inmunidad diplomática? Resulta inverosímil que ningún funcionario ecuatoriano no le haya preguntado a Assange para qué quería nacionalizarse. ¿Acaso amaba tanto al país que quería irse a vivir en él? Hay que asumir que la gente es muy tonta para no darse cuenta de que desde el día uno había un plan para hacer ecuatoriano a Assange con el único propósito de sacarlo de la Embajada.

Varias veces la Canciller dijo que las relaciones con el Reino Unido son excelentes. Según ella, es por eso que el Ecuador aceptó la negativa inglesa a la acreditación diplomática en la Embajada ecuatoriana en Londres. ¿Qué otra cosa podía hacer el Ecuador luego de tamaño sopapo que recibió con el elegante y sofisticado mensaje al que tuvo acceso 4Pelagatos? Espinosa pretende que la gente asuma que el Ecuador podía insistir en el nombramiento de Assange y que solo por las buenas relaciones con el Reino Unido se aceptó la negativa. Lo contrario a aceptar la negativa, se asume, sería insistir en la misma o desconocerla. ¿Así de tontos piensa Espinosa que son todos los ecuatorianos?

En ningún momento, la Canciller pidió disculpas por haber puesto en práctica un operativo que únicamente hubiera funcionado si se lograba engañar a los funcionarios ingleses.  El operativo que Espinosa hoy jueves 11 de enero quiso hacer aparecer como algo tan normal y hasta casi rutinario, estuvo concebido bajo el supuesto de que los ingleses iban, o a no darse cuenta de lo que lo se les estaba pidiendo o a aceptar que por convertirse en diplomático ecuatoriano Assange se iba a librar de sus compromisos con la justicia inglesa.

El Gobierno inglés expuso esto de forma contundente en un comunicado que lo citó el Washington Post en un artículo. “Nadie puede pretender que otorgarle la nacionalidad ecuatoriana (a Assange) es un camino para solucionar su viejo problema” y que otorgarle esa nacionalidad “de ninguna forma cambia la situación legal de Julian Assange” en el Reino Unido.  ¿Cómo es posible que la Cancillería ecuatoriana no haya pensado en algo tan obvio como lo que ha dicho el Gobierno británico en su comunicado? El comunicado no hace sino dejar en claro que el Ministerio de Relaciones Exteriores ecuatoriano o quiso hacer una trampa o no tuvo en cuenta un razonamiento que cualquier bachiller hubiera hecho.

El comunicado del Gobierno inglés deja al descubierto también una de las cosas más graves que encierra el operativo ideado por la Cancillería ecuatoriana y es que se pretendió abusar de la institución de la inmunidad diplomática. La idea era que una persona que tiene una orden de prisión en su contra pueda burlar a la justicia.

Julian Assange violó las condiciones de su prisión domiciliaria y “decidió ingresar a la Embajada ecuatoriana por su propia voluntad”, dice el comunicado inglés publicado en el Washington Post y agrega que “el gobierno del Ecuador sabe que la única forma de resolver la situación es que Julian Assange salga de la Embajada y de la cara a la justicia”.

Espinosa pudo haber conseguido con su rueda de prensa salvar su cargo. Lo que no podrá es, sin embargo, que este caso quede cerrado y en el olvido como evidentemente ella y sus asesores pretenden. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

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