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La Vicepresidenta escogió el único escenario posible: la renuncia. María Alejandra Vicuña sabía que estaba en un pista descendiente y jabonosa. Tras ser despojada de sus funciones, sabía que no recuperaría la confianza de Lenín Moreno y credibilidad alguna en la opinión. En cambio, su permanencia en el cargo la exponía a un verdadero escarmiento público del cual lo único seguro era que, cada día, se iba a agravar su situación.

La Fiscalía, la Contraloría, la Asamblea, la prensa, la opinión pública… Todos tenían los ojos puestos sobre ella. Y la Vicepresidenta no tenía argumentos o hechos a su favor. Eso la llevó a trazar una línea de defensa errática: desconoció la invitación hecha por los ministros/mensajeros de Moreno que le propusieron tomar una licencia para defenderse. Mintió cuando dijo que Moreno la apoyaba. Inspiró desconfianza en Carondelet cuando movió simpatizantes en Guayaquil para aparecer, a su llegada al aeropuerto, como blanco de un ataque dirigido en realidad contra el gobierno. Su falta de consistencia se trasluce en la carta que redactó para renunciar en la cual se va por las ramas más altas y echa mano de razones ficticias para cubrir su retirada: por ser mujer, porque le montaron una patraña, porque querían su cargo…

María Alejandra Vicuña tomó la mejor decisión posible en su caso: renunciar. De esa forma limita los costos, baja la temperatura de su caso en la Fiscalía y lo desdramatiza en la Asamblea y se apresta a entrar en el olvido. Así es el país.

Para el Presidente este desenlace es una buena noticia. Le permite enarbolar de nuevo, sin decirlo, la causa de la purga post correísta. A doble título. Uno: porque María Alejandra Vicuña encarnó, por los cobros indebidos, una práctica corrupta, una más, de la década que país tiene en su retina. Dos: porque ella representaba, en el imaginario de muchos mentideros políticos, la única posibilidad de aglutinar al correísmo contra Moreno. Salir de ella, es cortocircuitar un potencial peligro y abrir otra posibilidad para articular un equipo que se parezca más a sus designios; si por acaso tuviera la decisión de dar una identidad a su gobierno por el tiempo que le resta en el poder.

Poner coto a la sobreexposición mediática y judicial de Vicuña, permite al Presidente cerrar el año con la posibilidad de trazar un nuevo derrotero para 2019. Esa recomposición empezó con el cambio de algunos ministros esta semana. Pero ese ejercicio no es concluyente: se dijo que salían todos los correístas del gabinete. No es así. Y algunos que fueron funcionales al monarca autoritario, como Paúl Granda, solo cambió de silla. Juan Sebastián Roldán, secretario particular del Presidente, anunció en Debates4P., que el gobierno pensaba proponer un acuerdo nacional. Nada ha dicho el Presidente sobre el particular. Pero ese acuerdo está al parecer a punto de ser anunciado y lo están cocinando, puertas adentro Roldán y María Paula Romo, nueva ministra de la política. En ese escenario, el reemplazo de María Fernanda Vicuña, debe encarnar el espíritu de ese acuerdo. Falta ver si los hechos siguen las expectativas de aquellos que rodean al Presidente.

En todo caso, la renuncia de la Vicepresidenta sella una ruptura en la propia dinámica morenista en el ejercicio del poder. No solo porque coincide con los cambios ministeriales que se esperan hasta fin de año. Sobre todo porque coinciden con un momento de desesperanza nacional ante el cual el gobierno de Moreno tiene que producir un revolcón de figuras (que ya empezó), de iniciativa política (ese podría ser la propuesta de acuerdo), de estrategia (nadie identifica su rumbo) y de roles en el equipo gubernamental, empezando por el propio Presidente.

Es evidente que el papel de motivador y de cura bonachón asumido por el Presidente está francamente pasado de moda. Si se revisa su intervención de ayer, ante los ministros, se ve que el Presidente elude, en forma ostensible, los problemas del país. No habla de ellos. No los trata. Moreno no habla de política porque, supuestamente, su antecesor habló demasiado. Pero esto lo convierte en un mandatario ausente de los temas cruciales del país: los ciudadanos desconocen lo que piensa el Presidente sobre los problemas que los atenazan.

Es curioso cómo la realidad política es generosa con Lenín Moreno: tras la renuncia de Vicuña, vuelve a tener la oportunidad de recomponer su equipo, escoger el tercer compañero de fórmula y volver a empezar. Queda por ver si aprovecha esta vez la oportunidad. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Presidencia de la República.

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