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¿Qué hace María Alejandra Vicuña en la Vicepresidencia de la República a más de llevar, oficialmente, el nombramiento de Vicepresidenta? ¿A qué dedica su tiempo durante la jornada laboral?  Las interrogantes se vuelven inevitables si se toma en cuenta que no existe registro de que el presidente Lenín Moreno le haya asignado funciones desde que Vicuña fue elegida como Vicepresidenta por la Asamblea. Según la Constitución, quien ocupa la Vicepresidencia hará únicamente lo que el Presidente le encargue.  El Vicepresidente, cuando no reemplace al Presidente de la República, ejercerá las funciones que éste le asigne”, dice expresamente la Constitución en su artículo 173 y, en el derecho público se sabe, solo se puede hacer lo que la ley permite. 

El único antecedente que existe sobre una función asignada a Vicuña fue la que se consignó en el decreto ejecutivo 176 del 4 de octubre del 2017 en el que Moreno le encargó la Vicepresidencia “durante el período que dure la ausencia temporal del ingeniero Jorge Glas Espinel”. En ese decreto, el presidente Moreno estableció que Vicuña debía hacer el seguimiento al proceso de la consulta popular y referéndum en coordinación con la Secretaría General de la Presidencia, la Secretaría General Jurídica y la Secretaría Nacional de Gestión de la Política. Pero el encargo de la Vicepresidencia acabó el 6 de enero del 2018 con el nombramiento oficial de la Asamblea y, sobre todo, con la realización de la consulta popular. María Alejandra Vicuña se quedó sin tareas aunque legalmente tiene cargo. Un alto funcionario de la Presidencia confirmó a 4Pelagatos que no existe ninguna tarea encargada a Vicuña por el momento.

Esto se hace evidente en las cuentas de redes sociales que tiene la Vicepresidencia de la República. Por ejemplo la cuenta de Twitter, donde la Vicepresidencia pone todo lo que hace la titular de esa dependencia, lo único que aparece son menciones a las entrevistas en las que Vicuña participa, referencias a determinas fechas históricas o réplicas de mensajes del presidente Moreno u otros organismos del Estado. No existe, en todo caso, ninguna referencia a alguna actividad concreta, cosa que no ocurría en tiempos de Glas cuando el Vicepresidente estaba encargado oficialmente de la agenda relacionada con la matriz productiva. Incluso ahora, el tema de la matriz productiva está encargada a la ministra de Industrias y Productividad, Eva García.

A pesar de no tener funciones, la Vicepresidencia de la República tiene una plantilla de funcionarios nada despreciable. Si bien en tiempos de Glas había 187 funcionarios, al mes de enero del 2018 la Vicepresidencia tenía a 157 personas en nómina. De acuerdo a los docuentos de transparencia de la Vicepresidencia eso cuesta al país 2’561 612 dólares anuales, únicamente en sueldos. Según una nota publicada en diario El Comercio entre enero y agosto del 2017 la Vicepresidencia inviritó 2,8 millones en gastos de personal lo que incluye salarios honorarios, horas extraordinarias, encargos, servicios personales por contrato, entre otros pagos de ley. ¿Qué hacen todos esos funcionarios si su jefa no tiene funciones? Todo hace pensar que absolutamente nada, al menos nada que sea completamente legal, porque la Constitución es clara que lo único que la Vicepresidenta puede hacer es aquello que el Presidente le encarga.

Vicuña, a pesar de no tener funciones específicas no rehuye a las cámaras y habla superficialmente de casi todo. En una reciente entrevista con Andrés Carrión, en el programa Hora 25 de Teleamazonas, no solo que defendió a su coiderio y dictador Nicolás Maduro sino que recomendó, sin rubo ralguno, que dos politólogos y un periodista, que aparecieron en un video del canal, acudan a una terapia psicológica.

Es evidente que si Moreno no le da trabajo, la locuacidad de Vicuña puede terminar ocasionando más de un chasco al Gobierno. Tampoco es grato pensar que la Vicepresidenta use el cargo para hacer proselitismo a favor de su secta política. O de Alianza País, ahora que el correísmo tuvo que entregar el partido y las llaves de sus sedes políticas. Asignarle funciones no solo serviría como candado para que la Vicepresidenta no circule por ahí hablando de cualquier cosa sino para exigirle cuentas por el cumplimiento de sus tareas. Además, algo habrá que poner a hacer a tanto funcionario enrolado en la nada insignificante y cara nómina de la Vicepresidencia. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

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