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Presidente,

Usted parece tener carta blanca hasta el 4 de febrero. Ese día se cerrará la primera etapa de su gobierno en la cual la estrategia obvia fue crear un enfrentamiento con Rafael Correa. O aceptar el que él planteó. Usted se acomodó en su papel de policía bueno y Correa perseveró en el de policía malo.
Esa función no había hecho mella a su antecesor en el pasado, como lo prueban los sondeos. Pero entonces tenía poder y dinero. Esta vez, en cambio, él leyó al revés el momento político y usted salió ganador. Según Cedatos, su credibilidad suma 63% y su actitud y forma de ser tiene la aprobación del 68%. Correa, empleándose a fondo y ayudado por sus seguidores, pagó y con creces su equivocación: credibilidad: 26%; actitud y forma de ser: 24%.

Este libreto no tendrá mayores sorpresas hasta el 4 de febrero, incluso si Jorge Glas fuera reemplazado en la Vicepresidencia. En los hechos, usted hizo, durante estos meses, un canje tácito con gran parte de la sociedad: sacar del escenario a Rafael Correa y al correísmo a cambio de un apoyo político que lo legitime en el poder bien por encima del partido-Estado que gobernó durante diez años. Ese acuerdo tácito concluirá el 4 de febrero a las 17:00, muy probablemente en forma exitosa. Esa noche, usted podrá decir que tardó ocho meses para gozar de plena legitimidad política e inhabilitar al personaje que quiso usarlo como títere. Sin embargo, no podrá contar esos votos como suyos: son votos prestados por una sociedad hastiada de autoritarismo y perpleja ante una empresa de corrupción que convierte al correísmo en el mayor atraco jamás perpetrado contra la República.

El 5 de febrero, si los resultados de la consulta son contundentes, usted arrancará la segunda etapa de su gobierno. Para ella, no ha formulado usted, todavía, un discurso político ni anunciado un plan de vuelo. Hay un marco propuesto de tolerancia y menor juego para el Estado –por falta de recursos o por convicción, eso está por verse– en la dinámica económica. El 5 de febrero tendrá que enfrentar usted los malentendidos que habrá acumulado en ocho meses en el campo político y, sobre todo, en el económico. Ya no tendrá que componer, si esa no es su voluntad, con los rezagos del correísmo. Y si lo hace, los mensajes que enviará ya no estarán sujetos a interpretaciones de tipo electoral, como lo han estado –pensando en la consulta– desde que se instaló en Carondelet.

Desde el 5 de febrero se sabrá, entonces, si usted encarna un nuevo proyecto político o si lo suyo es más correísmo pero ligeramente edulcorado y sin Rafael Correa. El proyecto político incluye por supuesto las formas; el estilo. Pero se entiende que el país pondrá igualmente los ojos en el conjunto de decisiones políticas y económicas que darán el perfil definitivo a su gobierno. No habrá espacio para esas ambigüedades que, por cierto, hacen parte, al parecer, de su personalidad y que le han permitido ganar tiempo e incrementar su popularidad tanto en el electorado duro de Correa como en aquel que votó en mayo por Guillermo Lasso.

Los resultados de la consulta dividirán el período de su gobierno en un antes y un después. A partir del 5 de febrero, los ciudadanos pedirán, quizá le exigirán, que tome decisiones. Usted se verá avocado a definir no solo los rumbos de sus políticas sino su nuevo equipo de gobierno. El país le pedirá hacer un receso político y ocuparse de la economía que es una bomba de tiempo. Mantener a su ministro de Economía, Carlos de la Torre, o cambiarlo, tendrá lecturas y consecuencias inmediatas aquí y afuera. Lo mismo ocurrirá si sigue insistiendo en obtener crecimiento económico mediante endeudamiento externo. El país espera –esto sí es dable colegir– una negociación con la China para bajar el costo oneroso por los intereses de la deuda que, según usted dijo al país, suman en total diez mil millones de dólares anuales. Lo mismo se puede decir de la austeridad gubernamental que, por ahora, no pesa suficientemente en el recorte que el país tiene que hacer en el plano fiscal. De la misma manera, el empresariado necesita reformas estructurales para que el sector privado asuma, como usted propuso, la posta del Estado como motor de la economía. ¿Va usted a aflojar la camisa de fuerza que impuso el correísmo al sector privado y que se tradujo por pérdida de empleos y falta de oportunidades para 6 de cada diez ecuatorianos que se encuentran en el desempleo o subempleados?

¿Piensa usted acompasar su discurso interno con la política internacional? ¿Mantendrá a María Fernanda Espinosa que perpetúa la política internacional vergonzosa definida por Rafael Correa? El nombramiento de Francisco Carrión a la embajada de Estados Unidos es una señal positiva, máxime cuando usted tuvo que imponer ese nombre. Si la política internacional es una –y debe ser coherente– parece insensato tener un discurso en Washington y otro, por ejemplo, en Ginebra. Peor aún en el Palacio de Najas.

En fin, desde el 5 de febrero, el número de definiciones que espera el país de usted, Presidente, es extenso. Y si la Consulta Popular le sale bien, la pelota estará enteramente en su campo y el fantasma de Correa vagará por otras tierras.

Atentamente, José Hernández 4 Pelagatos

Próxima carta: ¿por qué quiere resucitar a Montecristi?

Foto: Presidencia de la República.

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