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En política, nada de lo que se ve y escucha es realidad, todo es siempre una pantalla fabricada por los apropiados del poder, de acuerdo con sus conveniencias y sin beneficio colectivo.

La renuncia del embajador Guillaume Long se produce porque en el servicio exterior se está aplicando una “purga” de diplomáticos que según el gobierno y la canciller no le es adicta, soslayando la importancia de tener representantes válidos ante gobiernos e instituciones extranjeras, que es la función pragmática de la diplomacia. Los países exigen calidad diplomática,  lo muestra el rechazo a las últimos pretendidas designaciones.

El embajador conoció que sería removido y escribió su carta crítica a las acciones “fuera de línea” del gobierno. Como este “pequeño” incidente hay cosas que pasan desapercibidas para la mayoría de creyentes, a los que poco importa lo que ocurra en las altas esferas si tienen su pancito y su circo.

Trágico destino de este pueblo, soportar una gama de políticos cuyos discursos y respuestas a entrevistas son por lo general vacuos de significado real, demostrándose  la calidad de quienes nos gobiernan, desde luego esto no es nuevo. Casi en toda la historia republicana e incluso la colonial, esta tierra soportó gente sin estructura ética que siempre abusó de una población hoy llamada ‘ciudadana’, pero sin mayor capacidad de análisis de lo que realmente se juega.

Una sociedad educada y bien informada es la única salida, en parte es responsabilidad de los medios de comunicación honestos y el uso de información veraz en las redes, que es responsabilidad ciudadana. Desde la escuela se debe enseñar a analizar el discurso y descubrir la falsedad, entonces tendríamos una sociedad menos manipulada. Las emociones son poco fiables para tomar decisiones. (Eduardo Naranjo – Diario La Hora)

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