Compartir

María Fernanda Espinosa va de tumbo en tumbo. En el caso de Julian Assange se volvió a equivocar. Con la declaración leída ayer ante la prensa, ella y sus asesores, dieron el caso por cerrado. Y para enterrarlo mediáticamente, la Cancillería desempolvó la carpeta de César Verduga, quien huyó hace 20 años acusado de peculado. Qué oportuna que es la Cancillería al informar de ese tema justo hoy, cuando Verduga fue detenido en Argentina el 20 de octubre del año pasado…

En la Asamblea Nacional no compraron el titular que la Canciller se granjeó en diario El Comercio: en la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales hay asambleístas que quieren que dé explicaciones. El asambleísta Fabricio Villamar también pidió los documentos (cédula y nombramiento de diplomático) que permitieron la metida de pata en Londres. Además, puede haber otras consecuencias legales por fraude (decir que habita en Chaupicruz), por otorgar la naturalización sin cumplir con los requisitos y por las consecuencias legales que conlleva haber perdido el estatus de asilado y ser un ecuatoriano protegido en la embajada de Londres.

María Fernanda Espinosa complica seriamente su panorama. El affaire Assange es una carpeta más en un manejo sinuoso de las relaciones internacionales. Se supone que un ministro no es solamente un funcionario que obedece al Presidente sino que lo asesora. La Cancillería propuso a Alexis Mera para embajador en Washington; un error que fue diagnosticado apenas se conoció la información. Pero Espinosa perseveró. No solo eso: quiso engañar a la opinión al afirmar, tras el silencio de Washington, que ciertos países se demoran en dar el beneplácito. Y tras casi cien días de silencio (que implicaba un No rotundo) dio la oportunidad a Alexis Mera para que, muy orondo, retirara su nombre. Por supuesto el ex secretario jurídico de Correa no dijo que su nombre había sido vetado en Estados Unidos para el cargo de embajador: dijo que retiraba su nombre porque debido al tiempo transcurrido, asumió “compromisos profesionales de carácter permanente en mi firma de abogados que me hacen imposible trasladar mi domicilio a ese país”. Inverosímil pero cierto: Mera y Espinosa mintieron de forma desembozada a la opinión.

El mismo caso se dio con el nombramiento de Guillaume Long como Representante Permanente del Ecuador ante las Naciones Unidas en Ginebra. En esa ciudad de Suiza está todo el sistema universal de derechos humanos. Pues bien: Long fue durante el correísmo un ministro siniestro en este tema. Nombrarlo embajador no solo era una error: lucía como una afrenta. El 4 de este mes renunció y envió una carta, como suelen enviarla los correístas, dando lecciones de ética, pero esta vez al Presidente que lo nombró. Esta semana, María Fernanda Espinosa se refirió a ese tema en un par de frases. Fue un error haberlo nombrado, dijo en sustancia, y cerró el capítulo. Lo mismo ha hecho cuando ha tenido que explicar su defensa a ultranza de dictadores o cuando se guarece bajo la tesis de no intervención en asuntos de otros países para cerrar los ojos sobre los asesinatos y la violación de los derechos humanos en Venezuela.

¿Qué vale, en esas circunstancias, la palabra de la Canciller? ¿Vale algo cuando la víspera niega hechos, como ocurrió esta semana con el affaire Assange, y al día siguiente reconoce esos hechos y critica, bajo la coartada de la discreción, que la información sobre esos hechos, ya consumados, hayan sido filtrados?

Espinosa no responde por el ejercicio de su cargo ni por las consecuencias de sus decisiones. Salta impune de un error a otro. 4P. no conoce hasta qué punto el Presidente aprueba la gestión de la Canciller. Pero es claro que el nombramiento de Francisco Carrión a la embajada de Washington se hizo en contra de la voluntad de María Fernanda Espinosa. Basta leer los textos de las columnas de Carrión, o algunos de sus tuits, para entender que no es ella quien dictó los lineamientos al representante del país en Washington, como ella pretende hacerlo creer en este tuit.

Carrión en Washington y José Valencia, como nuevo representante del país ante la OEA, muestran que hay un cambio leve de timón por fuera de las obsesiones y prejuicios de una Canciller anclada en dinámicas geopolíticas e ideológicas superadas. Desfasada y con palabra absolutamente devaluada: así luce la Canciller. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Cancillería de Ecuador/Flikr

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí