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Que se deje de hablar y de comentar sobre el tema Assange, objetivo en el que trabajan duramente los asesores de comunicación de la Cancillería, tiene una motivación mayúscula que va más allá de salvar el cargo de la canciller María Fernanda Espinosa. Ese propósito tiene un nombre y se llama impunidad.

Apagar el tema Assange significa, en efecto, desactivar la presión social y política que hará que tarde o temprano alguien pida que se pase factura a quienes cometieron las irregularidades legales y administrativas por el fallido operativo, ideado para sacar a Assange de la Embajada y del Reino Unido.

El operativo incluía una serie de pasos que indudablemente están reñidos con la legalidad y la responsabilidad pública. Para comenzar está el tema de la nacionalización de Assange. Es evidente que quien decidió nacionalizar al famoso huésped para hacerlo pasar como diplomático ecuatoriano en Londres, concibió el otorgamiento de la nacionalidad ecuatoriana como un recurso para alcanzar un objetivo fraudulento. En efecto, todo estaba pensado para que las autoridades inglesas no se percataran de que se estaba tratando sacar del país a alguien que tiene deudas pendientes con la justicia.  En palabras del ex canciller José Ayala Lasso, se quiso usar la nacionalidad ecuatoriana como un “mecanismos procesal secundario” y no como un proceso administrativo en el que la persona que aspira a tener la nacionalidad ecuatoriana debe demostrar que tiene los méritos para alcanzarla. La nacionalidad no es un bien transable como un objeto cualquiera, sostiene Ayala.

Para articular el operativo destinado a sacar a Assange de Inglaterra también se incluía el nombramiento de australiano como diplomático ecuatoriana acreditado en Londres.  Se trata, sin duda, de un procedimiento absolutamente irregular puesto que quien tuvo esa iniciativa no se detuvo a pensar en que se estaba nombrando funcionario del Estado ecuatoriano a una persona que tiene problemas con la justicia del país en que reside. Además el nombramiento de Assange como diplomático ecuatoriano fue a todas luces realizado para aumentar las protecciones de esa persona. En otras palabras, se pretendió abusar de la institución de la inmunidad diplomática.

Otro problema es que hubo funcionarios que faltaron a la fe pública cuando se hizo la ficha de Assange en el Registro Civil.  En los documentos oficiales aparece que el lugar de residencia de Assange es la parroquia Chaupicruz.  ¿Alguien puede creer que Assange vive en esa parroquia de Quito? Imposible. El famoso personaje jamás en su vida ha puesto siquiera un pie en el Ecuador. Es evidente que se trata de la adulteración de un documento público y de un fraude a la fe pública por la que alguien tiene que responder. Todo el proceso alrededor de Assange fue fraudulento porque estaba dirigido a conseguir un objetivo tramposo. Para Ayala Lasso, esto se llama uso “fraudulento de la ley” y debe ocasionar sanciones administrativas y penales para los responsables.

Es comprensible entonces que existan personas que están tratando, con denuedo, que el tema se vaya apagando. De hecho, en redes sociales se dijo que la aparición de la noticia de que la Cancillería ha iniciado el proceso de extradición de César Verduga que está en Buenos Aires constituía un intento para que los medios y las redes sociales volteen la página. De haber un organismo que se interese en establecer responsabilidades por todo lo que ocurrió alrededor del fiasco diplomático en Londres, seguramente volarían cabezas en la Cancillería y otras instituciones.

Además, hasta la presente fecha nadie ha podido ver el documento en el que se otorga la nacionalidad a Assange; cosa que se supone ocurrió para que se puede pedir la acreditación de él como funcionario en la Embajada en Londres. ¿Quien la firmó? Según la ley, para un caso como el de Assange debía haber firmado el presidente Lenín Moreno. ¿La firmó Lenín Moreno? No se descarta que no haya existido ese documento de naturalización, por lo que los responsables del operativo en Londres también tendrían que responder por una acreditación basada en un documento inexistente.

En la Cancillería se trabaja arduamente para borrar el tema de la conversación nacional. El mayor ganador de esa apuesta es, sin duda, la impunidad. (Martín Pallares – 4 Pelagatos)

Foto: cuenta de twitter de Julian Assange

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