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El cinismo es el uso de la corrección política, propia del oportunista que miente en su defensa o ejerce actitudes reprochables por cobardía. El correísmo levantó la bandera de la muerte e introdujo un aparato público perverso de vigilancia y control. Una filosofía de amordazar personas, perseguir opositores y olvidarse de sus víctimas, así sean niños violados y asesinados, pues ese fue su escenario de acción.

Hoy resulta una mofa ver a Carlos Ochoa, superintendente de Comunicación, negarlo. No insolente parricida sino calavera del panteón de una década asaltada. Un pistolero inquisidor que abaleó a quemarropa la libertad de expresión y el pensamiento libre. Pieza de la miseria humana del mayor fraude de la historia y saqueo de fondos públicos. Hasta ayer castigador, dueño del látigo y el miedo. Con sus leguleyadas, abusó, ofendió, maltrató, descalificó y silenció medios, periodistas y ciudadanos.

En cuatro sabatinas fui agredido y mi periódico, muchas veces , amenazado. Una, por opinar que el correísmo sí se abultó con burócratas iniciados en tiempos de la ‘partidocracia neoliberal’. El apologista del odio me llamó mentiroso. Acudí a Carondelet con un documento probatorio. La lista la encabezaba uno que aprobó la remediación petrolera de Chevron Texaco en la Amazonía. Aquel esquizofrénico respondió que había ‘doble mentira’ porque ‘uno era su gobierno y otro su partido único’.

El sabatineador reía y zapateaba. Sus cortes, superintendencias y todos sus esbirros lo aplaudían. Puso mi rostro junto a un informe malhecho y falseado del SRI para agredirme. Este correspondía a cuatro años cuando no viví en Ecuador. Rompió diario La Hora y festejó. La tercera vez fue por preguntar por qué en los aviones presidenciales viajaba futbolistas, cantantes, modelos, dirigentes y payasos.

Hoy sabemos que así quebraron a TAME. Y, la última, cuando negaba él sus mismas órdenes. En la plaza de Tabacundo los militares realizaron un cacheo a periodistas en ¿busca de armas?. “No di la orden”, gritaba y su populacho del sánduche con cola aplaudía. Carlos Ochoa en silencio y yo, hasta ahora, sin derecho a réplica. (Kléber Mantilla – Diario La Hora) Caricatura: Bonil El Universo

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