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La invitación de la Presidente de la Asamblea a construir y firmar mañana (8) un acuerdo de gobernabilidad se parece a este refrán: dime de qué  presumes y te diré de qué careces.

Para entender la magnitud de esta jugada mediática hay que analizar todos sus elementos. Elizabeth Cabezas parte de una realidad que el Presidente y el gobierno, embelesados con el Plan Toda una Vida, no han querido procesar: la necesidad de un acuerdo nacional mínimo que este medio pelagato ha venido sugiriendo públicamente desde que Moreno se instaló en la Presidencia. “Hoy el país urge, demanda, necesita un acuerdo de gobernabilidad”. ¡Hagamos que se cumpla! Ese es el título de la invitación que Elizabeth Cabezas ha formulado a las funciones del Estado, los gobiernos autónomos descentralizados, las cámaras de la producción, la academia, los colectivos sociales, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales…

¿Qué busca? “Concretar soluciones integrales consensuadas, a fin de atender las necesidades coyunturales e históricas del país”. Hasta ahí la Presidente de la Asamblea sigue atada a un cable a tierra.

¿Cuál es el objetivo central del encuentro? “Este evento tiene por objetivo generar espacios de encuentro y trabajo intersectorial; fortalecer el trabajo legislativo, con el aporte de los diversos actores, colectivos e instituciones sociales, económicas y políticas. También, fomentar el sentido de pertenencia y unión en la sociedad ecuatoriana”.

¿Cómo se hará? (…) se desarrollarán tres mesas de trabajo, relacionadas con los ejes Economía y Producción (Economía al servicio de la sociedad); Seguridad y Desarrollo (Más sociedad, mejor Estado); y, Sociedad y Democracia (Derechos para todos durante toda una vida), que están vinculados con el Plan Nacional de Desarrollo”.
Y ya: se firmará el acuerdo antes del mediodía porque en la tarde están citados los asambleístas para hablar de la destitución de Sofía Espín y Norma Vallejo.

En claro, Elizabeht Cabezas se ingenió medio día de fuegos artificiales en el cual quema una idea que ni siquiera ha sido expuesta en la Asamblea Nacional. En efecto, no ha reunido a los grupos parlamentarios ni ha propuesto un acuerdo mínimo, en la dinámica que planteará en la Universidad Andina, alrededor de una agenda acotada. Y más allá de eso: Elizabeth Cabezas no ha logrado poner de acuerdo ni siquiera a su grupo parlamentario. No ha podido ponerse de acuerdo con Paúl Granda, ministro de la política. No ha podido cuajar un trabajo parlamentario mínimo, consensuado con los otros bloques, que vaya en el sentido de los problemas que dice hoy preocuparla. Y ahora se inventa, en un operativo mediático sin sustancia alguna, lanzar polvo a los ojos de los ciudadanos anunciando una carta de buenas intenciones (“puro romanticismo político”, dice un asambleísta) que no ha sido decantada, discutida, consensuada y acordada ni siquiera en la Asamblea. ¿Cómo pretende que esto tenga contextura conceptual y sostenibilidad política?

Un acuerdo de gobernabilidad es necesario. Pero Elizabeth Cabezas no tiene la posibilidad de obtenerlo ni la capacidad política de traducirlo en hechos. Esto en el supuesto, no consentido, de que el ejercicio al que invita en la Universidad Andina tuviera sustancia y señalara el fin de un proceso serio; no el inicio de una penosa movida de marketing político de baja estofa.

El acuerdo de gobernabilidad debe armarlo el Presidente.  Y si la Presidenta de la Asamblea está legítimamente interesada en ir en esa dirección debería empezar por la Asamblea. Producir hechos que legitimen ese poder ante los ojos de la nación y que mejoren los alicaídos porcentajes que tiene en los sondeos. Sus cifras personales tampoco son buenas, pues apenas un ecuatoriano de cada tres, según el último sondeo de Cedatos, aprueba su gestión y el número de aquellos que creen en su palabra está por debajo de esa proporción.

Esta movida mediática busca, en forma desesperada, que la opinión, cuando piense en la Asamble, la relacione con un hecho postivo. Un acuerdo de gobernabilidad suena mejor que ausencia de fiscalización. O escándalos encubiertos. O amarres para evitar, por ejemplo, debatir urgentemente leyes que permitirían castigar a los corruptos e ir tras sus bienes y la plata mal habida.

Esta invitación para fabricar un espejismo, uno más, prueba que la Asamblea tiene una Presidenta recursiva: ahora resultó experta en cocinar acuerdos nacionales a la carta y en horas. Una proeza suya y de su olla a presión. (José Hernández – 4 Pelagatos)

Foto: Asamblea Nacional. 

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