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Si se analizan los momentos en que usted y su predecesor llegaron al poder, es posible identificar algo en común: aparecieron, según la expresión de Rafael Correa, con los astros alineados: él encontró un país cansado de inestabilidad y politiquería; usted un país agotado de correísmo y corrupción. Correa halló aliados y simpatizantes por montones; usted tiene simpatizantes hasta en los electores que votaron por Guillermo Lasso. Correa encarnó una ruptura con lo que llamó la partidocracia; usted personifica, quizá bien a pesar suyo, la ruptura con “la década ganada”. No obstante, Correa usó su popularidad para beneficio propio y de su partido; usted presidente, ¿qué hará usted?

Existe entre los suyos, que son aquellos que le dieron la espalda a Correa, la convicción de que Alianza País ganó las elecciones (aunque Eduardo Mangas provocó una enorme tronera en esa creencia). Y creen que como las ganó tiene derecho a aplicar un programa partidista. Sin embargo, usted no puede desconocer que el país salió dividido, en mitades sensiblemente iguales, de las elecciones del 2 de abril del año pasado. Ni que la tarea que se ha impuesto (virar la página del autoritarismo correísta), solo podrá cumplirla con los sufragios de ciudadanos que votaron por su contrincante. Además Correa tuvo a su favor la bonanza petrolera; su gobierno tiene que pagar la factura del despilfarro y la corrupción.

No tiene usted, entonces, mayores márgenes políticos y económicos de maniobra. Su tarea no se limita a cerrar el ciclo de Rafael Correa mediante una consulta exitosa. Su gobierno está llamado a reinstitucionalizar el país y reconstruir las bases para dinamizar la economía, crecer, generar confianza para atraer inversión y fomentar el empleo. Sin esas bases es imposible propiciar políticas sociales realmente sostenibles.

Usted ha hecho, Presidente, la tarea que la oposición no hubiera logrado. Usted ha desnudado las mentiras del correísmo, su gestión corrupta y su naturaleza perversa. Pero, al mismo tiempo, usted enerva a parte del electorado al conservar la burocracia correísta, su programa económico y buena parte de las políticas de fondo.

El 24 de Mayo cuando recibió el poder era evidente que usted estaba totalmente maniatado. No contaba con ningún factor de poder a su favor y su legitimidad era altamente cuestionada. Necesitaba operar una apertura que superara ampliamente el voto duro correísta y el capital de simpatía personal que todavía conservaba y que, en la carrera presidencial, lo colocaron por delante de Correa. Esto solo podía lograrlo sumando parte del electorado que votó por Guillermo Lasso alrededor de un proyecto trascendente: librar el país del autoritarismo y restablecer la democracia.

En esa promesa se sustenta hoy su gobierno. Pero es un apoyo condicionado y, por tanto, coyuntural. Todo dependerá de la respuesta que usted dará a la pregunta de fondo: ¿piensa usted hacer un gobierno de tendencia o un gobierno de transición? Fíjese, Presidente, que Correa estuvo ante la misma disyuntiva: logró un acuerdo suprapartidista, lo sometió a las urnas y, luego, en vez de entender lo que es Ecuador y lo que es en el mundo en este momento de una competitividad desenfrenada, decidió sacar provecho para sí y para su partido y estableció entre los ecuatorianos un verdadero Muro de Berlín.

Usted puede ser en el país una suerte de Clemente Yerovi para 4 años o legitimar su poder ante la sociedad e intentar devenir el líder de ese espejismo de izquierda llamado tendencia. Usted puede compartir con la mayor parte de la nación el entierro político de Correa y liderar un programa mínimo de acuerdo nacional, o aplicar la fórmula del 51% que le otorgó el CNE en las elecciones y resucitar la utopía mortífera de Montecristi. Usted puede enterrar a Correa y dinamitar realmente ese modelo caduco y fallido o volver al clásico “quítate tú, para que me ponga yo”.

En juego está su sentido político, su comprensión de la guerra guerra inútil entre izquierda y derecha en un país del tamaño y las circunstancias del Ecuador y las urgencias de la economía que carece de las propiedades de las gomas de mascar.

Correa, y usted lo sabe a la perfección, usó su popularidad y capacidad de convocatoria para beneficio propio y de su partido; usted Presidente, ¿qué hará usted?
Atentamente, (José Hernández – 4 Pelagatos)

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