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Para los analistas, la elección del nuevo vicepresidente es una oportunidad para legitimar la gestión de Moreno.

Inevitablemente, el próximo 2 de enero se acaban los 3 meses de ausencia temporal de Jorge Glas en la Vicepresidencia, así que su vacancia se convertirá en definitiva. Un trámite legislativo deberá declarar esa vacancia, sin embargo, lo de fondo es que la Constitución le ordena al presidente, Lenín Moreno, enviar una terna a la Asamblea y los legisladores deberán escoger, en 30 días, el nuevo vicepresidente sin perjuicio de que su silencio al respecto signifique constitucionalmente la elección del primero de la terna.

El analista político Luis Verdesoto considera que el envío de la terna constituye “una oportunidad para el Presidente de la República, no solo para acumular legitimidad dentro de los propósitos de su gestión, sino también para reacomodar un acuerdo nacional en torno a su Gobierno”. En ese sentido, piensa que Moreno debería encabezar la terna con una persona de “fortaleza nacional, que tenga una cobertura más allá de los partidos políticos aliados al régimen”.

Por su parte, el politólogo Decio Machado piensa que la terna deberá estar conformada por personas de los sectores sociales, “para darle importancia al diálogo nacional” que encabezó el primer mandatario. En cualquier caso, Machado considera que la terna debe tener también a alguien de los aliados políticos del Gobierno. “Me refiero a que en la crisis de AP es importante por parte del Gobierno reconocer el apoyo que recibe de otros sectores políticos”, señala.

Si bien actualmente la Vicepresidencia está encargada a la ministra María Alejandra Vicuña, han sonado en las opiniones ciudadanas otros nombres del gabinete como posibles vicepresidenciales: Rosana Alvarado y María Fernanda Espinosa. Machado ve con simpatía y pertinencia que una mujer sea la próxima vicepresidenta del Ecuador, pero no piensa que “tiene mucho sentido jugar otra vez a lo que hacía el Régimen anterior, que era remover las fichas del gabinete permanentemente”. “Las ministras están bien donde están”, dice, y asegura que no entiende la conveniencia de reciclar personas en esos altos cargos públicos.

Verdesoto no ve la necesidad de caer en estereotipos de edad, de región o de género. Tomando en cuenta que la elección del próximo vicepresidente no tiene que ver con una lid electoral, él encuentra que la terna debe estar orientada a sustentar los objetivos nacionales y la gestión gubernamental. “Se trata de una legitimidad no conectada a lo que los electores quieran, sino fundamentalmente a aquello que esta personalidad represente, la posibilidad de unión alrededor del presidente”, piensa.

En cualquier caso, se acorta el tiempo para que la prisión de Jorge Glas implique una reconfiguración definitiva de la política nacional, ante una ausencia que ya no podrá ser llenada solo temporalmente. De hecho, ante esta coyuntura, que el 2 de enero será irreversible, el vicepresidente Glas, condenado a 6 años de cárcel como autor de asociación ilícita, ha repetido que está en marcha un complot para “arrebatarle” la Vicepresidencia.  (Diario La Hora)

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